Cajón Desastre: Los Títeres, de Hugo Correa

El mítico Hugo Correa es sin lugar a dudas nuestro más grande escritor de ciencia ficción. En torno a su figura giran muchas leyendas, entre otras, que le escribía los discursos a Augusto Pinochet. Lo concreto es que este autor oriundo de Curepto saltó a la fama con su opera prima Los altísimos (1959), iniciando una prolífica carrera literaria que tuvo entre otros títulos al libro Los títeres (1969).

Dicha edición reúne cuatro cuentos enmarcados en el mismo universo de los «socias» o «títeres»: androides manejados mediante un «casco introyectador» que permite a sus ocupantes salir de la casa, ir a trabajar y realizar toda su vida desde la comodidad de un sillón. Gracias a esto, la humanidad maneja a sus dobles mecánicos a distancia sin salir de sus hogares.

Cada cuento es una historia independiente, y exploran las distintas posibilidades que ofrecen este mundo y su tecnología. Cada uno termina con un inesperado giro y su respectiva lección moral sobre los alcances éticos y deshumanizantes que implican esta forma de vida.

En cada uno destaca la rica prosa de Correa, propia de un escritor de la generación de los 1950s, y específicamente de uno que creció en el campo chileno y maneja cientos de adjetivos y descripciones para caracterizar un mismo escenario, sea un valle campestre o el planeta Marte. Su estilo es pomposo, pero armónico al mismo tiempo, y claramente en línea con los trabajos de poetas contemporáneos ávidos de retratar la geografía local, como Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Lo que sí cabe es criticar el excesivo uso que hace Correa de los dos puntos, casi su sello distintivo.

La humanización del titiritero detrás de cada socia también está hábilmente lograda, y nos habla de un diestro escritor de ciencia ficción preocupado no sólo de la ciencia o la ficción, sino también de la verosimilitud y desarrollo de sus personajes. Atentos con los nombres y los conflictos de cada uno: a ratos la trama toma visos de telenovela y es fácil perderse.

El cuarto cuento es el más largo y es un thriller político (el conflicto central es: ¿estamos seguros de quién es el sujeto que nos gobierna si sabemos que usa un títere?). En él se nos entregan detalles del mundo distópico de post-guerra nuclear donde ocurre la trama (en un país indeterminado, pero inferimos por los nombres hispanos y la geografía que se trata de Chile), donde se explica que los protagonistas viven en un corrupto régimen totalitario, con policía secreta y lavado cerebral.

La fascinación de Correa por los totalitarismos va muy en línea con el zeitgeist de cuando escribió el libro (la cual evidenció desde Los Altísimos): en plena Guerra Fría, con la crisis de los misiles y la carrera espacial en su punto más crítico. Sin caer en la denuncia política, no de forma rimbombante al menos, nos presenta un futuro gris que nada tiene que envidiar a Orwell o Huxley, y termina con sabias moralejas en favor de la libertad y los derechos humanos.

Una vieja leyenda, difundida entre otros por Francisco Ortega, es que este libro habría sido plagiado por la película Surrogates (Los Sustitutos, 2009), protagonizada por Bruce Willis. Lo que es posible dado que Correa publicó en Estados Unidos en la prestigiosa revista The Magazine of Fantasy and Science Fiction.

¿Es tan así? Oficialmente se trata de una adaptación de la novela gráfica de Robert Venditti ¿Y si el cómic plagió al libro? Pues la tecnología es la misma y también hay un grupo anti-títeres que conspira contra el sistema. Los personajes claramente no son los mismos, pero bueno, Hollywood adaptó libremente Yo, Robot recogiendo apenas a los personajes de la doctora Susan Calvin y Alfred Lanning. De hecho, en un ingenioso guiño a ésta película, el actor encargado de dar vida al científico inventor de los sustitutos es James Cromwell, el mismo detrás de Lanning en Yo, Robot. Además, el film de 2009 sigue un guión más hollywoodense, con un final feliz donde el héroe (Bruce Willis), tras revelarse contra el sistema, logra derrocarlo. Cosa que no pasa en el libro de Correa.

Raya para la suma ¿plagio o no? Por lo menos los herederos de Correa no han presentado ninguna demanda. Y siendo realistas, en el mundillo de la ciencia ficción los argumentos tienden a repetirse, muchas veces de forma involuntaria. George Orwell se vino a enterar mucho después que un ruso ya había escrito una novela muy parecida a su 1984 (1948), titulada Nosotros (Yevgueni Zamiatin, 1924). Lo mismo Avatar (2009), de James Cameron, con el cuento «Call me Joe» (1957), de Poul Anderson.

Correa sí fue muy cuidadoso en definir las reglas de su distopía. A diferencia de Surrogates, en este mundo es contra la ley (aunque en la práctica igual se da) que una persona posea un títere que sea distinto a su apariencia física real, a menos que sea una persona mayor de edad. Esto permite una serie de desdoblamientos de la personalidad en varios de los personajes.

Lo anterior nos hace posible no sólo desarrollar diversas metáforas, sino también extrapolar paralelos con muchas situaciones de la vida real. Abundan las historias de ciencia ficción donde los avatares virtuales -generalmente en videojuegos- permiten a la gente desdoblarse o, en su defecto, mostrar su verdadero yo mediante la tecnología. Algo muy contingente por lo demás: ¿cuántos casos hemos visto de personas que en la vida real son John Bonachón, pero desde el celular son trolls que esparcen odio y amargura? Esa es la libertad, y también el vicio, de moverse en redes sociales bajo una cuenta de usuario anónima: uno se desliga de la responsabilidad de sus palabras y acciones, y el acoso y ciberbullying se naturalizan. Como personajes del libro de Correa, que se valen de sus títeres para infringir la ley sin ser descubiertos.

Eso nos habla que el libro de Correa envejeció bastante bien, salvo por detalles conceptuales que hoy suenan obsoletos, como cuando habla de «hijos naturales o legítimos». Esa es la ciencia ficción que vale la pena leer. El autor tuvo cuidado de no fijar un año donde se desarrollan sus historias, y éstas perfectamente pueden ocurrir en unos años más, si es que no hoy mismo. Un clásico que vale la pena desempolvar y redescubrir, que nos habla no sólo del futuro, sino también del pasado y de nuestro presente.

Diego Escobedo, 2020.

Periodista, Licenciado en Historia y estudiante de Magister en Historia. Realizó su práctica de periodismo en The Clinic, y ha colaborado con distintos medios como El Mostrador y Amo Santiago. Como historiador, se ha especializado en historia de Chile y Latinoamérica. 


Desde niño fue un ávido lector de libros de ciencia ficción y fantasía. Entre sus autores de referencia están Isaac AsimovH.P. LovecraftHugo CorreaJorge BaraditFrancisco Ortega y Carlos Basso. Ha publicado cuentos y artículos de ciencia ficción y fantasía en los sitios Tau ZeroSitio de Ciencia FicciónChilenia: Ucrónicas de la República y Chile del Terror, entre otros. Ha publicado un libro de cuentos titulado Chile Mutante (Biblioteca de Chilenia, 2019) donde cultiva varias de sus obsesiones, entre ellas la historia de Chile, las ucronías, el horror cósmico lovecraftiano y la ciencia ficción dura.

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