Cajón Desastre: Sombras en el tiempo, de Hendrik M. Vos

―¿Pero qué lugar espeluznante es ese? ¿Es la nada? ―quiso saber Alex.
―No. Por el contrario. Es el Todo. El total del tiempo y del espacio.

Más allá de proponerme realizar una reseña, un comentario o un ensayo, mi intención es por sobre todo dar testimonio de la existencia de un libro aparentemente perdido en el tiempo. Bien sabemos que la ciencia ficción en Chile tiene una historia riquísima, con un legado digno, y que vivimos en la actualidad un período dorado inédito. Sin embargo, sabemos también que la arqueología que hemos ido haciendo está lejos de verse completada. Aún nos quedan reliquias por descubrir. Y ―¡vaya que aún me sorprendo!― me alegro de comentarles de un pequeño diamante que tuve la fortuna de encontrar. De seguro hubo más ejemplares y de seguro, y lo espero, alguno de ustedes sepa de ella. Aun así, en mi intento por encontrar algo de información, ya sea del autor o de la obra, no encontré absolutamente nada (salvo un aviso antiguo de venta, que a juzgar por la descripción debe ser el mismo libro al que llegué yo, a raíz de la dedicatoria que se describe en la primera página). El hallazgo ocurrió a la salida del Metro San Joaquín, gracias a un querido amigo y leal librero que me busca ciencia ficción abandonada u olvidada.

El libro del que tanto quiero hablar, como ya se anticipa, se titula Sombras en el tiempo, de Hendrik M. Vos. Y en la cubierta, en la parte inferior, con letras expuestas sin temor alguno, se lee nítido y en gran tamaño: “Ciencia ficción”. Al interior: “Santiago de Chile, 1992”. Difícil resistirme al impulso de adquirirlo, cuando prácticamente me gritaba ser adoptado. Al principio dudé, lo confieso, por desconocimiento. Incluso le mandé una foto a mis amigos de ALCiFF, a ver si alguien conocía esta rareza o si era algo así como una broma del espacio-tiempo. “Es un unicornio. Es un inubicable”. Y con esa respuesta, no se dijo más. Cayó en mis manos.

No sé de dónde ha salido esta pieza; trata sobre el momento en que la humanidad se enfrenta a todas las posibles calamidades y cómo sortea estos acontecimientos. Es un libro extraviado, fuera del listado clásico. Sin autor conocido, al parecer sin siquiera una editorial. Quizá sea una autoedición; no puedo asegurarlo. Y es que realmente es una rareza. Pero la razón por la que escribo esto es porque es un libro (y me permito la exclamación) ¡sobresaliente! Por el gran Hugo Correa y la gran Elena Aldunate, ¡qué buen libro me he terminado de leer! Es ciencia ficción reluciente, poderosa, cautivante. Es un coloso de 318 páginas que no para nunca, que te asombra con KOs a cada instante. Es demasiado bueno para ser un libro tan, pero tan perdido entre las sombras. No les digo que sea una obra digna del Nobel, pero sí me atrevo a que en calidad está a la altura de nuestros buenos exponentes nacionales. Y sigo asombrado. La creación de mundo es fabulosa; la narración y la prosa, elegante, traduciendo un autor versado en el género; la construcción de personajes, impecable; la trama, incesante y prodigiosa. Discurre por tantos tropos de la ciencia ficción que casi me asusté de que realmente los abarcara todos. Es que alguien alguna vez me dijo que aún no hay un único libro de ciencia ficción que pueda describirse como el canónico que abarque todas las potencialidades del género. Desde entonces me asusta encontrar algo semejante, casi como si significara una responsabilidad demasiado grande. Ya ven cómo la mitología y la profecía surge espontáneamente en la mente humana.

Es ciencia ficción evidentemente dura, por momentos, y evidentemente social y blanda por otros. Revoluciones robóticas, vistazos ucrónicos, filosofía existencial, cuestionamientos sexuales, contacto extraterrestre a distintas escalas, ecología y arcología, viajes en el tiempo, evolución y especulación biológica, guiños punk, apocalipsis, postapocalipsis y utopía, explosiones a lo Space Opera, metaficción. No sé si se me estará pasando alguno, pero el recorrido es deslumbrante. Y, más allá de la buena ejecución del libro, hay algo que no puedo dejar de destacar: es realmente entretenido, con un ritmo galopante.

Por supuesto, no es perfecto, en lo absoluto (y uno nunca espera que lo sea). Puedo mencionar sus desperfectos, y lo haré para ser justo y no caer en la exageración de mi alegría: a mencionar, hizo falta un corrector y un buen diagramador para darle los toques finales que lo harían verse reluciente en términos de presentación. Hay muchas comas mal puestas o guiones de diálogos equivocados, pero no entorpece en lo absoluto (estoy siendo exigente y benevolente al mismo tiempo). Esto en cuanto a la forma. Y en cuanto al fondo, un pro y un contra: tiene múltiples personajes mujeres protagónicas y relevantes, lo cual es elogiable, pero por momentos, si bien se nota el intento de ser equitativo en sus roles, cae en algunos diálogos anacrónicos y simplistas. Al menos, eso sí, se transluce la relevancia que le quiere dar a estas protagonistas (es más, el libro termina con dos de ellas en un encuentro poético atemporal y trascendente). Por ahí es que podríamos desempolvar sus principales talones de Aquiles. Y, si quieren ser aún más quisquillosos, podríamos decir que, para ser de los 1990s, sus temáticas no son de una originalidad que te haga explotar la cabeza. Pero, lo que sí lo hace es el dominio con el que los recorre, con giros de la trama para la ovación, todo desde un rincón realmente desconocido (tal vez desde Santo Domingo, porque eso sale escrito al interior respecto a los talleres donde fue impreso).

Habiendo ajustado la balanza, quiero volver a mis alabanzas. No me deja de alegrar el descubrimiento de este libro. Es excelente ciencia ficción chilena. Entre la multitud de hilos que entreteje, hay uno que se destaca y es la evolución de un personaje que está presente desde principio a fin (lo cual abarca más de un siglo). El robot TSE-10121, un hijo simbólico entre Universo, Vida y Humanidad, con quien discurrimos por los extremos del intelecto y el afecto, hasta (y aquí les planto la curiosidad) terminar llamándolo simplemente Alex, cuya simpleza es solo aparente. Y, en contraparte, otro personaje que comienza siendo una inerte Luz Dorada, pero que terminamos llamando Julia, una Julia inescrutablemente misteriosa. El arco es vasto y el final es sublime. Este libro se suma al grupo de novelas que se atreve a proponer un discurso de la existencia, explorándola hasta su última consecuencia, en donde las inquietudes del cuándo conoceremos realmente la verdad cósmica se develan.

Espero ser tan solo un primer testimonio, con esto me basta. Contarles que existe este libro para adoptarlo y compartirlo, si lo encuentran en un rincón empolvado. Ya vendrán quienes puedan hacer mejores análisis. Vale la pena, creo yo. Es un buen libro y no amerita estar en el olvido. Para darle más tragedia a este relato, el ejemplar que tengo conserva la dedicatoria del autor al dueño del libro en aquel entonces. Así ocurre muchas veces, pero ahora le agregué unas palabritas en mi nombre, en un minúsculo acto de cobijo. Hendrik M. Vos, autor: desconozco si es su nombre verdadero o un seudónimo. ¿Estará vivo? Espero invocarlo con este texto. O a quien lo conoce, que pueda informar de su paradero. Sería lindo compartir con él los albores del tiempo actual. Y otro nombre más, Guadalupe Perea, una poetisa que se menciona al interior del libro de la cual tampoco conozco paradero. Entre Google y yo no dimos con ninguno de los dos nombres. Pero entre Google y yo al menos dejaremos estas palabras para que circulen por el tiempo y el espacio virtual como mensaje en la botella. Es un diamante sin pulir, claro está (probablemente ya pasó el tiempo de hacerlo), pero es una obra que merece ser sumada al abanico de textos de la ciencia ficción chilena. En este caso de la generación de los 1990. Y, para terminar, complementando el epígrafe con el que comencé, les dejo un fragmento de la página inicial, a modo de despedida:

Somos imprecisas sombras que cruzan fugaces
El caudaloso torrente de una cruel ilusión,
Un destello de la vida y una sombra en la comedia… 

La Reina, Santiago de Chile 
Leonardo Espinoza, Septiembre, 2019

Leonardo Espinoza Benavides (San Fernando, 1991) es médico cirujano, escritor y cinéfilo. Autor de la novela fix-up de ciencia ficción Más espacio del que soñamos (Editorial Puerto de Escape, 2018). Miembro Directorio de la Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena (ALCiFF – Chile) y antiguo miembro de la Washington Science Fiction Association (WSFA). Expositor de la primera participación chilena en la convención Capclave, en Estados Unidos (2015). Ha publicado ficción y no ficción en Editorial Puerto de Escape, Revista Crítica.clDos Disparos MagazineLDP Magazine, Publicaciones Universidad Andrés Bello, Fantástica Review, Editorial EscritoresEl Sitio de Ciencia FicciónThe WSFA JournalRevista Literaria LetraliaPortal del Instituto Cubano del Libro – CubaliterariaCaltiki Magazine, entre otros. Actualmente reside en Santiago de Chile.

Un comentario en “Cajón Desastre: Sombras en el tiempo, de Hendrik M. Vos

  1. Un hallazgo en todo sentido! Se suma a Edgar Unger, Raúl Senén Martínez, casi sin datos biográficos… pero con la misma tardía vocación vertida en un libro. Quizás se trate de profesionales que postergaron sus siempre frágiles carreras literarias tras una vida de trabajo estable, en un país tan a ras del suelo… Felicitaciones!

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