Cajón Desastre: Circo de medianoche, de Patricio Alfonso


Circo de medianoche (Ediciones Liz, 2019) es el segundo libro de cuentos de Patricio Alfonso. Una edición sobria y sombría, decimonónica, como tierra recién excavada. Es breve como breve son sus relatos, no necesita más espacio para darnos un susto con una sonrisa. El primer libro fue El clóset de Pandora (Bajo los hielos, 2013) y con éste conforman una unidad extraña en su unidad, valga tal rebuznancia. Es una declaración sólida, atómica, de un escritor que sin pausas y sin prisas ha construido un imaginario propio dentro de la literatura fantástica chilena. Como un nigromante, mezcla y remezcla la sonrisa torcida de la vida en un caldero del que salen textos contundentes, que te dejan mirando a través de la ventana.

Tomemos «Reflujo», un cuento de los más largos del volumen. Sin grandes ambientes tóxicos de terror, de aquellos que hicieron a Lovecraft famoso, nos encontramos con una sutil trama de alienación y sospecha, con un pelín de seducción. Aquí la manifestación del horror va por derroteros terrenales, pero que sugieren una tensión superficial poderosa. En «Nueva será la carne» tenemos el horror al uso, firme y tangible, clásico. No por nada el relato está dedicado a Mary Shelley, y el estilo se viste de flexiones decimonónicas y doctas. «Memento nasci» es un relato de fin de mundo, de lo que pende sobre el mundo sin que lo sepa, una conspiración entre las sombras que es omnipotente hasta que se demuestra que no lo es. Aquí aparece la voz principal de Alfonso: una risa sardónica y despreocupada, hasta flemática, que no se deja impresionar por contratiempos o apariciones. A diferencia de Jean Ray, que decía enfrentarse a lo supernatural con una mirada temeraria, en Alfonso este aspecto de la realidad se supedita a su ojo socarrón, que nos permite rebajar en ciertos momentos el tono de lo horroroso para acercarse desde ángulos más familiares y hasta cálidos. Por ejemplo, la presencia de los monstruos de la edad dorada del horror en el cine atraviesa la pluma de este autor, un cariño por la deformidad en blanco y negro, por décadas sicodélicas y traviesas del siglo XX, que es un lado inesperadamente tierno en sus textos. Es lo que sucede en «Implicancias», relato dedicado a la figura de Rod Serling, con menciones también a las cintas snuff y a los guiones de series de televisión como Galería Nocturna y La Dimensión Desconocida. Y sin embargo, aún hay espacio para escribir «El color del tiempo», un poético y gigantesco relato sobre la monstruosidad desde el otro lado; su soledad y su precariedad. O «Vituallas», que coquetea con «The hills have eyes»(1977). O «Bildungsroman», de lacónico paso pastoril frente a un hecho monstruoso, que lo emparenta con «El calamar opta por su tinta», de Adolfo Bioy Casares. El libro se cierra apropiadamente volviendo a la semilla con «La mano del padre», el momento exacto culpable de todo, un broche de platino para salir de esta galería nocturna, ahítos y contentos.

No quisiera dejar de reconocer en Alfonso un escritor de prosa docta e irrebatible, que se desliza muy bien entre los colmillos, que arrulla y fascina. Y que tiene de invitados a los Pickman, cualquiera de ellos, que se atraviesan en diferentes textos dejando detrás una estela de hedor. Pero quién se lleva las palmas es el «doctor» Brettini, un ser decididamente no humano que nunca se sabe bien en qué artes o disciplinas hizo su doctorado, pero que está ahí para empujar las fronteras de la experiencia humana hacia profundidades de las que no se regresa. Brettini resulta un grato descubrimiento -aunque no resulta grato encontrársele de frente-, que tiene vida independiente, alejada de Mortis, pero tampoco tan alejada.

Circo de medianoche es una colección soberbia que merece esconderse en la biblioteca para que los molestos moscos, que insisten en asaltarla cuando están de visita, no pregunten inocentonamente si la pueden llevar con ellos. No. Hay libros que se eximen de la amistad. Patricio Alfonso es actualmente el mejor fantasista de lo ominoso y terrorífico en Chile, lo que no es poco. Se encumbra a las alturas de Héctor Pinochet y Jaime Valdivieso sin esforzarse y saca lo mejor y lo peor de la edad de oro de los monstruos hollywoodenses. Vale la pena siempre estar a la caza de su ficción. Use estaca y ajo.

Luis Saavedra, 2020.
Luis Saavedra V. nació en 1971 en Puente Alto, Santiago de Chile, y es Analista de Sistemas. Siempre se interesó en lo fantástico por su estética de colores chillones y luminosos y sus monstruos enfurecidos y de ojos saltones; consideraba que era algo único de verse. En 1988, ingresó al mundillo de la ciencia-ficción en su país y se incorporó como un activo miembro de la Sociedad Chilena de Ciencia-Ficción y Fantasía, de la que fue secretario al poco andar. Luego participaría en la edición de los Boletines de la Sociedad, formaría parte del grupo Ficcionautas, que realizaron cinco convenciones de fines del siglo pasado, y editaría los fanzines WonderlandsNadir Fobos. Hoy participa del colectivo de literatura fantástica Poliedro.

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