Cajón Desastre: Antología de cuentos de ciencia ficción y fantasía, editada por Andrés Rojas-Murphy

Ilustración de Tomás Gerber

Este libro fue editado por Andrés Rojas-Murphy en 1988, y publicado en Chile por la editorial Andrés Bello, quien reunió cuentos de doce autores locales sobre ciencia ficción y fantasía. Fue la segunda vez que realizaba este ejercicio, en 1974 ya lo había hecho con la antología El mundo que no veremos (Nascimento).

Lo primero que destaca es la producida y alambicada ilustración en la portada, la cual contrasta con la sobriedad del resto de la edición (hoy resulta inconcebible una antología sin una breve reseña biográfica de cada autor). El libro parte con un prólogo de Alfonso Calderón, se trata de un texto más bien desechable donde se realiza un rápido repaso –un tanto trillado- a los orígenes y principales corrientes de la ciencia ficción y fantasía, con pinceladas del antiguo, pero irregular desarrollo de estos géneros en nuestro país.

Metiéndonos de lleno en los cuentos, se aprecia que el lenguaje poético y barrocamente sobrecargado suple la falta de acción en varios relatos. El cliché de “Chile no es un país de narradores, sino de poetas”, suele ser verdad al echar una rápida ojeada a nuestra ciencia ficción local (un género, por antonomasia, más dado a la acción que a la prosa literaria). La ciencia ficción chilena siempre ha sido más asidua a la línea bradburiana y borgiana que al estilo de Asimov o Clarke; más sensible a la filosofía y la metafísica que a los argumentos científicos más hard, como apreciamos en esta antología.

«Juana y la cibernética», de Elena Aldunate (1925-2005), abre esta colección de cuentos. Se trata de un relato notoriamente feminista, más cercano a María Luisa Bombal que a Angélica Gorodischer, que podría pasar perfectamente por un capítulo de Black Mirror. Uno de esos que, siendo rigurosos, no calificarían como ciencia ficción propiamente tal, por cuanto que toda la tecnología presente en la narración ya existía cuando se publicó. Quizás el mayor mérito de este cuento es que fue escrito en 1963, y fue la primera incursión de Aldunate en la ciencia ficción. Vale decir, estamos ante un relato de transición entre su etapa intimista y sus novelas de anticipación.

«Minerva», de Enrique Araya (1912-1994), anticipa desde el título que el autor hará una revisión del mito griego de Galatea y Pigmalión, pero con robots. Sin mayor afán que satisfacer sexualmente a sus dos protagonistas, la historia se agota en presentarnos un solo replicante, a Pris, el «modelo básico de placer» (guiándonos por los arquetipos de Blade Runner), en lugar de desarrollar una trama más profunda para una temática con mucho potencial. Siendo más condescendientes, el cuento funciona bien en clave humorística, o como una advertencia del auge de las muñecas inflables (cada día más elaboradas) entre los hombres solitarios.

«En el océano de nadie», de Braulio Arenas (1913-1988), se nos presenta una crónica fantástica del origen mítico de las sirenas y su decadente presente. La narración es lenta, y a ratos se ramifica en divagaciones que se sienten como prescindibles, pero se defiende hacia el final con un giro inesperado, digno de The Twilight Zone.

«Una partida de ajedrez», de Miguel Arteche (1926-2012), es quizás el más enigmático de los cuentos. Escrito como respuesta al trauma de los terremotos, común a todos los chilenos, y bañado con una incertidumbre onírica y espacio-temporal, el relato invita a contrastar la máxima de «la vida es sueño» de Calderón de la Barca con «la vida no es sueño» de Salvatore Quasimodo. Pretencioso, pero muy recomendable para los fanáticos del ajedrez.

«El cazador de chonchones», de Horacio Bascuñán, va en línea con el texto de Arenas y nos presenta el mito criollo del tuetué o chonchón. Con una mejor ambientación, el cuento nos introduce hábilmente en el campo chileno del norte chico y sus leyendas garciamarqueanas donde lo real se confunde con lo mágico. Me recordó a la película La recta provincia (2007), de Raúl Ruiz, un gran ejemplo de que en Chile abundan las historias entretenidas, valiosísimo, y a ratos ignorado, insumo para los que se dedican a la ficción. Quizás uno de los cuentos más entretenidos del libro.

«Nostalgia», de Ilda Cádiz Avila (1911 – ¿?), es una de las dos space opera incluidas en esta antología. Relata la historia de Adán, un joven nacido y criado en una ciudad satélite -con ecos de Cita con Rama (1973), de Arthur C. Clarke– que anhela conocer el lejano planeta de sus antepasados, la Tierra. El problema es que el Estado (con ese nombre, sin necesidad de agregarle un alias más original como “El Cuerpo”, “El Líder” o “Los Altísimos”) tiene planificado hasta el último detalle de la vida de sus ciudadanos, y tiene otros planes para el intrépido Adán. La ausencia de Hugo Correa en este libro- en retrospectiva, varios lo podrían calificar como inexcusable. Pero no hay que olvidar que su obra fue rechazada tanto por la izquierda como por la derecha- parece ser compensada con esta historia, con guiños a su clásica novela Los Altísimos. La lectura política se vuelve inevitable, y se perfila como una crítica a los totalitarismos, y un exaltamiento a las luchas internas, muchas veces silencioso trabajo de hormiga, para desafiar al omnímodo poder del Estado.

«Las antiparras del conspirador», de Augusto d´Halmar (1882-1950), está ambientado en el año nuevo de 1797 y logra una magnífica recreación del Santiago colonial. La acción se detona cuando un realista de viejo cuño adquiere unas antiparras (anteojos) que le permiten ver el futuro, con las cuales al dirigirse a su casa termina caminando por el Santiago de 200 años después. Un choque de épocas hábilmente logrado, que me recordó a la serie española El Ministerio del Tiempo (2015).

Le sigue «El cuerpo restante», de Luis Alberto Heiremans (1928-1964). Una historia de doppelgangers y desdoblamientos ambientada en una pensión de Santiago centro con un mensaje materialista, en el sentido espiritual y monetario. Es un cuento redondo, con personajes adecuadamente construidos, un giro inesperado y preguntas abiertas armonizadas con un inevitable final.

«El festín del cazador», de Antonio Montero (1921), es otra space opera que viene a satirizar el cliché del Buck Rogers o Capitán Kirk que aterriza en mundos desconocidos (siempre planetas clase M sospechosamente parecidos a la Tierra) para enseñarle a bellísimas alienígenas (siempre sospechosamente humanoides, y que encima hablan el idioma del viajero) las artes amatorias. Con la diferencia de que aquí, los miembros de la tripulación optan por violar a las nativas. Un planeta inteligente y alucinante digno de Solaris (1961), de Stanislaw Lem, una tripulación multirracial con apellidos anglosajones, hispanos y asiáticos, y un final con una clásica moraleja delinean una madura aventura espacial.

«Con el mismo derecho», de René Peri viene a cultivar el hoy saturado tópico de los alienígenas ancestrales. Aunque plantea una trama entretenida y con mucho potencial, el cuento adolece de falta de desarrollo y personajes poco definidos. Como boceto funciona, pero como relato se queda corto. El título de por sí es rebuscado, para efectos de la trama, y poco convincente.

«Corpúsculos en el camino», de Myriam Phillips, es una historia de dos topógrafos que, al inspeccionar el terreno para iniciar la construcción de una carretera, se enfrentan ni más ni menos que a un vórtice espacio-temporal (tema recurrente en la obra de Phillips). Es una historia breve, con una prosa feminista similar a la de Aldunate, pero con un insuficiente desarrollo de personajes y diálogos inverosímiles.

Finalmente, tenemos «La esfinge de oro», de Carlos Raúl Sepúlveda (1942-2007). El protagonista es un oficinista de existencia monótona e inconforme, que viaja a la región de Ñuble a visitar las ruinas de la casona patronal construida por sus antepasados, de origen castellano. En el subsuelo encontrará no sólo recuerdos de la época dorada de su clan, sino también un enigmático objeto, una esfinge de oro.

No deja de ser llamativo que las dos antologías de Rojas-Murphy hayan sido editadas en los inicios y en las postrimerías del régimen de Pinochet. Lo que nos habla desde ya de cierta sintonía, cuando no afinidad, con el zeitgeist fomentado por la política cultural de Enrique Campos Menéndez: nacionalismo, tradicionalismo, criollismo, catolicismo, nostalgia por la el pasado colonial español y, desde luego, anticomunismo.

Así, son comunes los motivos de familias ricas caídas en desgracia o herencias perdidas. La glorificación del pasado en cuentos como Nostalgia y La esfinge de oro, ya sea por la Tierra o la Colonia, más que advertencias por los peligros del futuro y el avance de la tecnología, nos hablan del conservadurismo propio de los autores- Arenas y Aldunate fueron simpatizantes del régimen, entre otros. Aunque no hay que desconocer que Bascuñán y Arteche fueron opositores-. El anhelo de una edad de oro prístina, de los gloriosos y venerados antepasados fundadores, ya sean conquistadores, latifundistas o burgueses, previo a doctrinas insolentes como la modernidad y el comunismo, se deja entrever en estas páginas. Ideas en línea con el régimen que explican, entre otras razones, que Rojas-Murphy haya podido romper con la censura y el apagón cultural de la dictadura en dos ocasiones.

¿Es mala ciencia ficción? ¿fantasía desechable? Para nada. Este libro es una reliquia, una representativa radiografía de la subsistencia de dos géneros que, lejos de ser escapistas, se volcaron en disimulados espejos de un presente tumultuoso. Y de un futuro que, al ser una proyección (cuando no un reflejo) de ese presente, auguraba más pesadillas que sueños.

Diego Escobedo, 2020.
Periodista, Licenciado en Historia y estudiante de Magister en Historia. Realizó su práctica de periodismo en The Clinic, y ha colaborado con distintos medios como El Mostrador y Amo Santiago. Como historiador, se ha especializado en historia de Chile y Latinoamérica. 


Desde niño fue un ávido lector de libros de ciencia ficción y fantasía. Entre sus autores de referencia están Isaac AsimovH.P. LovecraftHugo CorreaJorge BaraditFrancisco Ortega y Carlos Basso. Ha publicado cuentos y artículos de ciencia ficción y fantasía en los sitios Tau ZeroSitio de Ciencia FicciónChilenia: Ucrónicas de la República y Chile del Terror, entre otros. Ha publicado un libro de cuentos titulado Chile Mutante (Biblioteca de Chilenia, 2019) donde cultiva varias de sus obsesiones, entre ellas la historia de Chile, las ucronías, el horror cósmico lovecraftiano y la ciencia ficción dura.

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