Cajón Desastre: Cochrane vs Cthulhu, de Gilberto Villarroel

Arte de Christian Luco.

El periodista Gilberto Villarroel ha tenido la suerte de participar en varios proyectos entretenidos. Guionista y dibujante, ha estado detrás de los libretos de series históricas como Nuestro siglo y Epopeya. Quizás sus trabajos más relevantes han sido el mediometraje Chilean Gothic, la adaptación local del clásico cuento de Howard Phillips Lovecraft “El Modelo Pickman“, y el posterior cómic basado en la película; junto con eso, fue el artífice del documental Lord Cochrane: Capitán de Mar y Guerra, proyecto que produjo desde Francia, país donde actualmente reside.

Tras estos proyectos, Villarroel se embarcó (literalmente) en una novela en apariencia demasiado ecléctica para ser verosímil, combinando el universo de horror cósmico lovecraftiano con la vida de un personaje verídico, Lord Thomas Cochrane. Al escuchar el título Cochrane vs Cthulhu, lo primero que uno se imagina es algo de ciencia ficción pulp, efectista y desechable, tipo Cowboys vs Aliens o Alien vs Depredador, donde la trama (si la hay) no es más que relleno para presentarnos las secuencias de acción. Pero esta novela es más que eso, es una historia de “capa, espada y tentáculos”, en palabras de su autor.

Aprovechando un punto ciego en la biografía de Cochrane, cuando el marino estuvo fugitivo de las autoridades británicas, acusado de cometer un fraude bursátil en 1815, Villarroel imagina a Cochrane en Fuerte Boyard. Su paso por esta isla, fortificada por Napoleón Bonaparte, coincide con el ataque ni más ni menos que de Cthulhu, el dios primigenio de las pesadillas del Caballero de Providence, cuyo hogar, la ciudad perdida de R´Lyeh, emerge frente a las costas del fuerte. Olvidándose de la guerra entre franceses y británicos, Cochrane deberá ayudar a los locales a derrotar al monstruo y las aterradoras criaturas de su séquito.

¿Es necesario leer a Lovecraft para entender todos los guiños? Para nada. Si bien hay fanservice, la novela es autoexplicativa y no es imprescindible haber leído a HPL. ¿Y saber algo de la vida de Cochrane? Tampoco, el autor es bien riguroso con la biografía de su protagonista. De hecho las primeras cien páginas son una clase intensiva de las guerras napoleónicas y la geografía de la costa francesa. La descripción y el detallismo son su fuerte, sin embargo, llama la atención la poca sorpresa con que los protagonistas enfrentan lo fantástico, lo cual raya en el realismo mágico.

Los personajes están cuidadosamente construidos y desarrollados, tanto los ficticios como los basados en personaje verídicos (Cochrane no es el único, también tiene un rol importante en la novela el egiptólogo Jean-François Champollion). La lógica del “manners maketh man” y del humor y sarcasmo británico están muy bien logrados, delineando diestramente al noble escocés decimonónico que protagoniza el libro.

Villarroel es un claro caso de periodista que se enamoró de su personaje perfilado. Cochrane es retratado como un héroe por antonomasia. Británico, de sangre azul, noble de sangre y de corazón, caballero, astuto, hábil guerrero y poseedor de una genialidad para inventar cosas anacrónicas que asemejan a la novela con la serie Da Vinci´s Demons. Es prácticamente un Tony Stark del siglo XIX (con algo del Sherlock Holmes de Robert Downey Jr., quizás).

Sus líos financieros son totalmente desmentidos, defendiendo la coartada del protagonista. No obstante, hay que tener presente que sólo cuatro años después Cochrane se peleará con San Martín también por motivos de plata (en Perú, Cochrane “confiscó” un barco del general San Martín lleno de dinero, alegando que el argentino le debía sus honorarios). ¿Lavado de imagen? Puede ser, pero Cochrane no lo necesita. Sus méritos son más que suficientes, de ahí que sea un personaje tan atractivo para los narradores (cómo olvidar a Russell Crowe en Master and Commander).

¿Pero qué tan original es esta novela? Por disparatado que suene, no es un subgénero nuevo. Estamos ante un gran exponente del “mash-up”. Vale decir, el ejercicio de combinar un clásico preexistente de la literatura, o algún personaje histórico, con géneros como el horror, la fantasía o la ciencia ficción. Los mejores ejemplos son Abraham Lincoln caza-vampiros y Orgullo y prejuicio y zombies, ambas del norteamericano Seth Grahame-Smith. Tampoco podemos olvidar a Sombras sobre Baker Street, una antología de varios autores que nos muestra al legendario Sherlock Holmes enfrentándose también a monstruos lovecraftianos.

¿Pero si se basa en un personaje histórico no es lo mismo que una ucronía? Casi. Uno de los requisitos de las ucronías es que te presentan un detallado universo alternativo, con sus sistemas y mapas políticos propios; en cambio en un mash-up se respeta la línea temporal que conocemos, lo fantástico (zombies, vampiros, Cthulhu…) es más bien el lado B de la Historia, algo que nunca salió a la luz, el Área 51 de estos períodos, como en Lincoln o en Cochrane.

Otro ejemplo de mash-up hecho en Chile es la futura novela gráfica Arturo Prat y Las montañas de la Locura, spin-off de la ucrónica Trilogía de la Metahulla, de Francisco Ortega. No es menor que se trata de otra historia local basada en los Mitos de Cthulhu. Definitivamente Chile es uno de los países donde Lovecraft tiene más seguidores. Cómo olvidar a otros autores como Sergio Meier, el “Lovecraft de Quillota”; las películas de terror Caleuche, de Jorge Olguín; el antes mencionado Chilean Gothic y su respectivo cómic (cabe mencionar que Rodrigo “Pera” Cuadra trató de adaptar el cuento La sombra sobre Innsmouth. Lástima que el proyecto no prosperó); o las historietas de Juan Vásquez basados en los cuentos del autor norteamericano. El mismo Villarroel pensó originalmente en hacer un cómic de Cochrane vs Cthulhu. Ojalá Vásquez o algún otro dibujante haga la novela gráfica algún día. Es una de las paradojas más notables de la obra lovecraftiana: casi todos los monstruos son indescriptibles, inenarrables, inefables… y no obstante abundan los dibujantes aficionados a retratarlos. Seguramente por la libertad creativa que esto implica.

¿Estaría complacido el Caballero de Providence con la reactualización de su trabajo? Son estilos distintos. Aunque la locura y el terror sicológico están presentes, el tono dominante es la novela histórica de aventuras. Sí hay que destacar que en la novela de Villarroel, Cthulhu no es un “tipo dentro de un traje”, en palabras del autor. Es un personaje complejo, cambiante e indescriptible, como su aspecto físico. Es una criatura que aterra y fascina. No obstante, detalles como el pene descomunal del monstruo desentonan con la puritana y pudorosa pluma de Howie. Me recordó al pene azul del Dr. Manhattan en Watchmen, otro caso de adaptación donde el tamaño importa.

Pero lo más importante de todo: ¿quién gana esta pelea?, ¿no que Cthulhu es indestructible?, ¿es el marino más audaz de todos los tiempos un digno rival para este dios extraterrestre?, ¿estamos ante el fin del universo conocido? Lo único que podemos hacer en casos como estos en ponernos de rodillas y rezar. Rezar toda la noche Cthulhu fhtagn, ¡Cthulhu fhtagn!

Diego Escobedo, 2020.


Periodista, Licenciado en Historia y estudiante de Magíster en Historia. Realizó su práctica de periodismo en The Clinic, y ha colaborado con distintos medios como El Mostrador y Amo Santiago. Como historiador, se ha especializado en historia de Chile y Latinoamérica. 
Desde niño fue un ávido lector de libros de ciencia ficción y fantasía. Entre sus autores de referencia están Isaac AsimovH.P. LovecraftHugo CorreaJorge BaraditFrancisco Ortega y Carlos BassoHa publicado cuentos y artículos de ciencia ficción y fantasía en los sitios Tau ZeroSitio de Ciencia FicciónChilenia: Ucrónicas de la República y Chile del Terror, entre otros. Ha publicado un libro de cuentos titulado Chile Mutante (Biblioteca de Chilenia, 2019), donde cultiva varias de sus obsesiones, entre ellas la historia de Chile, las ucronías, el horror cósmico lovecraftiano y la ciencia ficción dura.

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