Cajón Desastre: Para releer la Isla del doctor Moreau, de H. G. Wells

John Kessel (1950) un lúcido narrador de ciencia ficción gringo, perteneciente a los “humanistas salvajes” —su American Apocalypse (TM) (Bibliópolis, 2004) es muy recomendable—, es a la vez, un activo académico que reflexiona y propone enigmas, acertijos o encrucijadas para los futuros lectores del género. Busquen y lean The Secret History of Science Fiction (coeditado con James Patrick Kelly, en 2009). Por ejemplo, cuando realiza su lista de las novelas más influyentes del género propone, acto seguido y ¡era que no!, una addenda sobre los libros cifi que no merecen el olvido. Y parte con La isla del doctor Moreau, de H. G. Wells (The island of Dr. Moreau, 1896) y nos arroja de sopetón un desafío lector, al señalar:

Sé que es famosa, sin embargo no está ni cerca de ser tan conocida como La máquina del tiempo o La guerra de los mundos, aunque probablemente sea la mejor novela de Wells. Es el Libro Cuarto de los Viajes de Gulliver transformado en una parábola evolutiva blasfema.

Totalmente de acuerdo, en parte. Y lo sostengo porque lo leí antes que los otros títulos, y siempre la he recomendado. Pero, además está su novedad absoluta, pues viene siendo la tatarabuela de las novelas “animalistas“, algo así como un ideólogo oculto del “especísmo” (la versión con garras y pelos de una post-ideología muy en alza hoy día). Y sólo por eso tiene ganado el cielo de los autores de especulación con base científica. Y si no me cree, mire lo que su sacrosanta Wikipedia dice sobre el contexto de producción de esta novela decimonónica:

Cuando la novela fue escrita a fines del siglo XIX, la comunidad científica de Reino Unido estaba sumida en los debates sobre la vivisección de animales. Incluso ciertos grupos de interés, formaron, para abordar la cuestión, la “Unión Británica para la Abolición de la Vivisección“, constituida dos años después de la publicación de la novela. La novela recibió duras críticas por el periodismo de la época, siendo calificada de “morbosa” y “sensacionalista”, acusada de ofender a la “decencia” y el “sentido común” de la sociedad, o de faltar a la verosimilitud científica por considerar posible en biología la “manufacturación de monstruos”, lo que lo relaciona con el tema de la “ingeniería genética.

La novela parte con un caballero de alcurnia, Edward Prendick, naufragando en el océano. Un barco lo sube a bordo, donde un médico llamado Montgomery lo reanima e informa que se dirigen a una isla sin nombre, donde trabajarán con los animales que viajan en el buque. Allí conocerá al Doctor Moreau, (un “mad doctor” a carta cabal, pues había sido un eminente fisiólogo en Londres, antes de que un periodista expusiera sus horripilantes experimentos de vivisección). Prendick siente una curiosidad insana por la naturaleza exacta de las investigaciones de Moreau en la isla, especialmente después de que se le impidan el acceso a sectores prohibidos. Al pasar los días, encuentra un grupo de isleños que tienen un inconfundible parecido con cerdos. Entonces le nacerá el temor fundado de que Moreau se dedique a viviseccionar seres humanos y él sea el próximo. Por eso, huye hacia la jungla, donde se topará con una colonia de seres medio humanos y medio animales. El líder del grupo, un ser gris llamado el Predicador, le recita una extraña letanía llamada La Ley, que implica prohibiciones contra el comportamiento animal y elogios hacia su amo y dios, el Dr. Moreau. Ellos son el “pueblo-bestia”, con quienes el doctor lleva años tratando de lograr una transformación completa de animales en humanos.

Queda claro, entonces, que estamos antes una de las novelas más oscuras y pesimistas de Wells, pues La isla del Doctor Moreau, publicada a finales del siglo XIX, con los avances científicos asombrando a la sociedad victoriana casi sin críticos al progreso o siquiera, humanistas llamados de alerta, evidencian los reparos de este autor hacia la naturaleza violenta del ser humano. Pues en casi todas sus novelas aborda este temática, ya sean los Morlocks de La Máquina del Tiempo, o la conducta delictiva de El Hombre Invisible o bien, la inhumanidad imperialista de los marcianos de La guerra de los mundos, que culminan en la absoluta falta de ética del Doctor Moreau de la presente obra, que tan vigente hoy como antaño. Pues los límites éticos de la investigación científica son motivo de encarnizados debates legales, sociales, culturales y religiosos, pues las enormes corporaciones llevan los límites cada vez más lejos, motivadas más por la codicia y el lucro, que por la curiosidad científica victoriana.

El historiador del Arte Carlos Caranci Saez, en su página Fabulantes, advierte las posibles lecturas “evolutivas” planteadas por la novela, pues percibe claramente que Wells investiga sobre sí mismo, y su profunda “bestialidad”, antes que defender cualquiera sean los “derechos humanos (sic) de los animales“:

Traducción forzada: se quiere someter lo inclasificable (que no es sino lo inconsuetudinario, lo ajeno, lo lejano, lo exótico, lo femenino…, y es que entre los ingredientes de Moreau hay también canacos enrolados de las poblaciones vecinas, hay mezcla de sexos, androginia incapaz de gestar) a las finas rectas trazadas por el bisturí civilizador. El combate con las líneas rectas es lo que define a estos seres también de un modo plástico, ya que son incapaces de erguir su columna como un homo sapiens sapiens, condición definitoria de nuestra especie estrechamente relacionada con la capacidad de manipular con las extremidades delanteras. Esa distinción extrema respecto del reino animal, que enfrenta al ser humano con una perspectiva cenital sobre lo material/horizontal, a la vez que le coloca ante el vértigo supremo de su relación vertical con el sol[v], le permiten ver “claramente los estados transitorios entre la pérdida instintiva de sí y la afirmación consciente de sí.

Personalmente, me quedo con tres elementos que tensionan y potencian la narración entretenida de por sí (pues pasamos de las aventuras, a la supervivencia y hasta el horror ante lo innombrable), pues me parece que son claves del relato: uno, el desconcertante sentimiento de déjà vu ante las criaturas de la isla que sufre en carne propia el protagonista (algo me dice que de aquí vienen las inquietantes mujeres gato de Condwainer Smith; dos, el uso narrativo de la oscuridad, que le rodea en casi todo momento (en la selva), pero también (en la aldea) frente a esos cuerpos contorsionados y (en su conciencia) puesto que sus mentes se hallan a medio camino de las luces de la inteligencia humana y los destellos de pura animalidad; y tres, las escenas notables de ritos paganos, pre-racionales, que ha instaurado el pueblo-bestia para auto-regularse y lograr así una deformante versión de civilización bestial.

Un libro clásico, algo olvidado, o mejor, eclipsado por las otras obras de uno de los autores cumbres de la Ciencia Ficción mundial, bien merece una relectura. Más vale tarde que nunca.

Dunas de Concón, 2019.

Marcelo Novoa Sepúlveda es poeta, editor y crítico. Doctorando en Literatura. Fundó la Editorial Trombo Azul de Valparaíso, gestión independiente de culto de los años 1980s. También, cumplió funciones de editor de Universidad de Valparaíso Editorial durante 10 años. Ha publicado poesía, crónica y antologías, entre sus principales títulos destacan: “LP” (1987, reeditado el 2017 en su versión íntegra), “Arte Cortante” (poemas reunidos en 1993, 2003 y este 2019), y “Años Luz. Mapa estelar de la ciencia ficción en Chile” (2006). Como creador y agente cultural realiza talleres y cursos literarios, tanto de poesía como del género fantástico, además de participar como jurado, prologuista y reseñista desde hace 20 años. A todo ello, suma la organización de “Chile Fantástico. 1810–2010”, la mayor exposición temática del género en la Biblioteca Nacional (2008), cinco exitosas versiones de la “Semana Fantástica” en Valparaíso y seis temporadas del “Ciclo de Literatura Fantástica chilena”, en conjunto con la I. Municipalidad de Viña del Mar, donde se reúnen y reconocen artistas de distintas disciplinas, unidos por la imaginación y la fantasía. Su editorial Puerto de Escape, con más de setenta títulos publicados hasta la fecha, y su sitio: http://www.puerto-de-escape.cl/, le han convertido en referente obligado en la escena fantástica latinoamericana, y a él mismo, en uno de los nombres claves del reconocimiento y expansión que la Ciencia Ficción y Fantasías chilenas gozan hoy día.

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