Apuntes magnéticos

Publicado originalmente en Calabozo del Androide #10, Abril, 2004.

Eric Lehnsherr sostiene el cuerpo de su hija. Cree que acurrucándola de esa manera la va a mantener tibia y cómoda, pero muy dentro de sí sabe que está muerta. Y con ella su esperanza. No ha sido fácil el viaje de este hombre en la vida, primero con los campos de concentración nazis dominando el paisaje de su infancia, el rugido de las bombas sofocando las cariñosas voces de su familia. Y luego una larga huida de todos quienes juraron aniquilarle en mil formas y por mil motivos. A él y su semilla. Monstruo, infrahumano, suprahumano. Qué importan los epítetos si su mayor enemigo no está afuera sino dentro de él mismo, negándole toda posibilidad de alzarse del miasma en su espíritu, de reivindicarse. Su esposa no ha huido de sus perseguidores sino de él. Ser excepcional en un mundo donde la inocencia es una palabra hueca; no poder serlo por la impotencia de creer en las cosas que componen la vida.

Ser un medio hombre, a mitad de camino entre un ángel y una rata asustada, es ser nada. Mantiene los ojos cerrados y aun así ve. Una imagen de su hija en una escuela, jugando con otros niños, sonriendo. Magneto sonreiría con ella a su lado. En el mundo de los hombres X todo es apariencia y ley del Caos, sus elementos se recombinan constantemente de forma que nada es estable. Ni personajes ni tramas. No obstante, hay dos puntales que soportan toda esta nueva mitología occidental, diría que neogrecorromana. Un creador-padre que da vida y representa todo lo que hay de inamovible, constante y bello en el equilibrio definitivo y sin final. Y una imagen que se contrapone, que introduce el desequilibrio, o sea, el caos, la muerte y lo inmisericorde.

Al creador le podemos nombrar Charles Xavier, imagen pública de la honradez de los derechos muties, en tanto que la contra imagen se denomina Magneto, archienemigo de la humanidad. Aunque ambas realidades no son imprescindibles, la una para la otra sí se complementa a la perfección para forjar todos los elementos y energía en la construcción del mito de los hombres X. Del sujeto que nos interesa, no vamos a abundar en su historia personal, pero sí decir que es un villano sin parangón y cuya existencia sola justifica el conflicto en los cómics que nos ocupan, puesto que Magneto no es un hombre que busque la riqueza personal ni un desequilibrado que quiera reventar el mundo, sino un tipo cuerdo que ha elegido un camino muy estrecho y que tiene la suficiente tozudez para seguirlo. Tan estrecho es que su compañero de viaje, Charles Xavier, se desvía solo unos centímetros y está a la vista la abismal diferencia. Ambos persiguen reivindicar la condición mutante, ambos quieren una Tierra en donde exista la paz, e incluso comparten mismos rasgos de carácter. No obstante, los métodos para conseguir estos objetivos los han mantenido en una discusión por más de cuarenta años.

Para celebrar el aniversario número treinta de los títulos de los X-Men, en 1993, la editorial Marvel Cómics orquestó toda una campaña para traer de la muerte a su más acérrimo enemigo, luego que éste sobreviviera al naufragio de su asteroide-base con ayuda del finado acólito Chrome, con una actitud más radical y poderoso que en sus anteriores actuaciones como el dulce pastel de crema en que lo habían convertido los guionistas de los 1980’s. Al parecer el giro radical no había caído muy bien en la comunidad de aficionados y ahora era la oportunidad para devolver al personaje su carisma de siempre. Pero, aunque era el plato fuerte de aquel Uncanny X-Men #304, se vio opacado por la dramática conversión de Colossus hacia su bando. No obstante ello, ver a Magneto de nuevo en su esplendor fue suficiente para justificar su sola esencia: poderoso, arremetedor, inconfundible.

Respecto al número parece haber dos visiones contrapuestas. Una clama la destrucción del personaje sutil e inteligente que era Magneto para convertirlo en un lunático fundamentalista, que se siente por encima de todos y sacrifica a los suyos sin razón aparente. Antes de ese número, Magneto no era un villano sino un hombre que tenía un punto de vista diferente al de Xavier, sosteniendo la sabrosa trama del odio antimutante y las divisiones internas del movimiento mutie con la base de los argumentos y no de la fuerza bruta. En tanto que la otra visión saluda al Magneto reacondicionado, más poderoso, convencido que la acción rápida, unilateral y absoluta es la única vía que ya queda para enfrentar el problema, algo así como un X-Sharon. Obviamente que el enfrentamiento con los seres humanos se radicaliza, mientras que con Charles Xavier solo es cuestión de tiempo para que uno de los dos, acabe con el otro, imprimiéndole más dinamismo narrativo y múltiples e impredecibles aristas al conflicto. El hecho que Colossus haya cambiado de opinión, convencido de la perorata de Magneto reafirma este punto de vista.

El dato freak del número corre por cuenta de Xavier, cuando se enfrenta a la pantalla de su computador de oficina, al principio del número, y musita dos frases: «The Underground» y «The Magneto Protocols». Ambas estaban pensadas para ser dos arcos narrativos dentro de la serie que no llegaron a ser desarrollados. El primero de ellos alude a la red de contactos que Xavier construyó en base a civiles no-mutantes que ayudan secretamente a los Hombres X, y los protocolos eran archivos del Gobierno estadounidense que explicaban cómo derrotar a Magneto. Los protocolos tuvieron una tibia aparición en X-Men #25 antes de desaparecer del mapa.

En la parte artística, quien ilustra esta página es nada menos que Jae Lee, quien saltó a la fama dibujando su inconfundible versión de Namor para la editorial Marvel, y luego el título Hellshock de Image, últimamente también ha estado en la palestra por la censura que ha sufrido al dibujar Capitán América de Marvel. Aquí demuestra un estilo claramente expresionista con influencias de Simon Bisley y Bill Sienkiewicz, en cuanto al uso de una línea nerviosa y errática (como una gota de tinta que recorre la página), y de Mignola, por el tratamiento de las luces y las sombras. De todos extrae la fuerza del dinamismo contenido, expectante y primitivo, con unas formas desencajadas, abigarradas, que aseguran un impacto visual en el lector. Nadie más que él, de entre todos los dibujantes invitados para este número, podía haber ilustrado la visión de un Magneto pre-X-Men en una de sus más aciagas horas, puesto que se necesitaba la sugerencia del dolor y la pesadilla en tonos grises. Jae Lee es un dibujante interesante que evoluciona constantemente. Su última faceta lo muestra como un artista refinado e inteligente, con líneas claras y uso cabal de la sombra. De sus últimos trabajos, personalmente recomiendo la miniserie The Sentry, un magnífico fraude sobre un personaje de la era pre-Marvel, y la maxiserie Los Inhumanos, las dos guionizadas por el eficiente Paul Jenkins.

Volviendo a la página, ¿quién pensaría que este hombre se transformaría en Magneto, siendo tan solo una cáscara? ¿No será que Magneto es una referencia a múltiples metáforas? La más obvia es aquella que dice que el hombre es una máquina de vencer obstáculos, un ser cuya asombrosa habilidad para adaptarse y sobrevivir incluso al infierno le ha dado el éxito evolutivo. Pero ese mismo éxito le ha llevado a la turbulenta historia que leemos en la escuela y la universidad. Seres paradojales, los seres humanos pueden ser víctimas y victimarios a la vez. Ya lo decía Víctor Frankl que el Hombre es la única criatura capaz de construir hornos para luego entrar en ellos con una plegaria en la mano.

La viñeta del centro es un rostro sin ojos, o sea, sin voluntad y cegado por el dolor. Eric se ha enclaustrado en un traicionero laberinto de auto conmiseración. El texto bajo él lo sintetiza: «No tenía por qué vivir», que puede ser interpretado como la negación de Dios a un hombre, o por la falta de argumentos para estar vivo. En cualquier caso, el frío es omnipresente y lo congela todo, un frío maldito que viste de azul las cosas y el tiempo se detiene. Aún Eric sigue siendo Lehnsherr el refugiado. ¿Cuántas mujeres y hombres han pasado por el mismo trauma? Todos quienes han sido desplazados por las guerras, las hostilidades políticas y las hambrunas tienen historias similares que contar, seres y cosas de las que se han ido deshaciendo en esa larga marcha a ninguna parte. Sólo la ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados) atiende a 20 de los 40 millones de refugiados, de los cuales siete millones son jóvenes. El 90% de ellos están en países sub-desarrollados. Desafortunadamente, la hija de Magneto solo es una cifra más de los 10 millones de niños que han muerto en los últimos 10 años, mientras que otros 6 han sido mutilados o heridos, física y sicológicamente. El rostro de Magneto es aquí una cara pocas veces vista. Es que en realidad no estamos acostumbrados a ver las caras de los refugiados poco europeas que no despiertan la simpatía de las multitudes, con excepción de los niños rubios y sucios del conflicto en los Balcanes. ¿Y qué si fueran rostros amarillos, negros o morenos? Lamentablemente, incluso esos niños rubios, todos deseamos que sean la responsabilidad de otros. Si Magneto viviera en este mundo se daría cuenta de la inversión de las cosas, él conserva intacta su capacidad de sufrimiento y de comprenderlo, nosotros no. Nosotros somos los mutantes.

Ficha técnica:

Scott Lobdell (Historia y guión), John Romita, Jr., Jae Lee, Chris Sprouse, Brandon Peterson, Paul Smith (Dibujantes), Dan Panosian, Terry Austin, Tom Palmer, Keith Williams (Entintado), Mike Thomas (Color), Chris Eliopoulos (Rotulación), Bob Harras (Editor), Tom Defalco (Editor en Jefe), Lisa Patrick (Editor asistente). Edición Original: The Uncanny X- Men Nro. 304 (Septiembre, 1993), 64 páginas. Marvel Comics. EE.UU. Página nº 14 dibujada por Jae Lee.

Luis Saavedra Vargas

Publicado por ALCIFF

Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena. Fundada el año 2017.

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