Elena Aldunate, dama del tiempo.

Comentario sobre la reseña: «La bella durmiente» de Elena Aldunate: contratexto e inversión de roles; escrita por Marcela Cabrera-Pommiez y Sergio Caruman.

Alguna vez, Ilda Cadiz —escritora de ciencia ficción de los años 60, nacida en Talcahuano, Región del Bío Bío— dijo que algunos consideraban que ella misma era una invención de Elena Aldunate, siendo ambas periféricas respecto al gran cuerpo de la literatura chilena, que asentada en el realismo, miró siempre con malos ojos a todo lo que pintase como fantasía. Se agrega a esto el que ambas fuesen mujeres en un territorio cultural y social masculino.

El artículo de Marcela Cabrera y Sergio Caruman nos presenta una lectura del relato La bella durmiente de Elena Aldunate, considerando su adscripción a la ciencia ficción y su codependencia con un corpus de relatos infantiles y el mito griego de Selene. Esta lectura se basa tanto en las características de los intertextos —para esto Marcela y Sergio, posesionados de su papel de investigadores, nos presentan versiones y elementos culturales variados en relación con la figura de la bella durmiente y selene— como en las modificaciones narrativas que introduce la autora. El centro de la prospección puede resumirse en que, en el cuento, a diferencia de los relatos infantiles, la expresión de las interacciones de género biológico y de género gramatical han sido invertidas, a fin de cuestionar los roles socioculturales binarios en la configuración de los principios masculino y femenino propios de la tradición.

Elena Aldunate Bezanilla (1925-2005) es una escritora chilena de ciencia ficción, aunque cultivó también la literatura juvenil, como la serie de novelas Ur. Ha sido redescubierta durante los últimos años, en parte debido al auge que ha experimentado la ciencia ficción en el medio literario chileno, hecho ocurrido aproximadamente desde el año 2000, lo que ha llevado a lectores y estudiosos del género a revisitar a los autores emblemáticos y a realizar nuevas lecturas de las obras escritas en la «edad de oro» de la ciencia ficción chilena, época inaugurada por Los altísimos de Hugo Correa y que finaliza en 1973. Entre esa fecha y mediados de los 90 hay un periodo de menor actividad, luego del cual viene un resurgimiento del género, gracias a la aparición de nuevos exponentes, al funcionamiento de un mayor número de editoriales dedicadas a la publicación de obras de ciencia ficción y al reposicionamiento del género como objeto de mercado.

Hoy, la obra de Aldunate es valorada tanto por la calidad de su narrativa como por el hecho mismo de escribir ciencia ficción en un momento en que el género estaba muy poco cultivado en Chile y los escasos escritores que se aventuraron por este camino eran hombres. La producción literaria de Aldunate resulta doblemente transgresora, puesto que es escritora en la década de 1950, es decir, en una época aún dominada por los roles tradicionales de lo masculino y lo femenino, donde se esperaba que la mujer se dedicara únicamente a la esfera doméstica y al cuidado de los hijos.

«La bella durmiente» aparece en 1976, publicado por Ediciones Aconcagua, junto a otros cuentos, bajo el título de Angélica y el delfín. Posteriormente publica Francisca y el otro (1981) y El molino y la sangre (1993). Aldunate explora, a través de sus personajes, posibilidades no tradicionales de relacionarse con el mundo, alejándose del discurso amoroso del folletín y ampliando el universo femenino hacia nuevas
formas de existir y de amar, en las cuales la imagen de la protagonista es un tanto elusiva. Se trata de un enfoque diferente a la denominada hard science fiction, que privilegia la solvencia tecnológica y, a veces, una visión distópica del mundo, consecuencia de un desarrollo científico potente, pero deshumanizado. En contraste, Aldunate ofrece una mirada menos tecnificada, que propicia el encuentro fraterno entre seres —incluso extraterrestres— sin atisbos de violencia o destrucción. El cuento «El mecano verde» (1967) es buen ejemplo de ello: una mujer de pie en el centro de Santiago es la elegida para interactuar con un extraterrestre, de color verde, que ha aparecido en los cielos capitalinos, sembrando el pánico; este se acerca, toca a la mujer y ella siente su cálido mensaje de amistad en vez de la supuesta agresión:

¡Paz!, grita su alucinado cerebro. ¡Paz!, implora su corazón desbocado.

El cuento en cuestión (La bella durmiente) se inicia con una descripción de lo que le ocurre al cuerpo de una mujer cuando despierta de una larga hibernación y comienza a recuperar la conciencia. Esta hibernación había sido inducida por una máquina, que no solo la preservó viva durante siglos, sino que la salvó de morir, debido a las guerras fratricidas que destruyeron la civilización de ese entonces. Sin saber nada de este apocalipsis ni del colapso posterior, la mujer continuó su sueño artificial hasta que, mucho tiempo después, un científico, que es denominado de dos maneras —Seleno y Nohiónix—, la descubrió por casualidad en las ruinas que exploraba, y la trajo consigo a su laboratorio, donde, con amorosa dedicación, la cuida y trata de despertarla, mientras la observa con especial atención. Gracias a un racconto, se conoce el drama de la mujer, sucedido en este tiempo pretérito: un accidente les quitó la vida a los suyos, por lo que quedó sumida en una gran angustia, hasta que conoció a un hombre veinte años menor, con quien entabló una relación que la hizo feliz. Pero, no contemos la historia que, sobre ella, puedes enterarte en el artículo principal…

Desde el punto de vista de la caracterización del género, este relato se ajusta a los parámetros de la ciencia ficción clásica, en el sentido de que presenta un mundo narrado proyectivo, donde se aprecia un estadio de la humanidad bastante más evolucionado que el existente en el momento de la enunciación y un avanzado desarrollo tecnológico. Sin embargo, la propia evolución como recurso explicativo de una biología científica, ha introducido grandes modificaciones en los aspectos psicoemocionales de los seres humanos, que incluso han implicado la desaparición de ciertas características fisiológicas y afectivas. En este contexto, ni el amor ni la pasión existen del modo en que los conoce «la mujer», por lo que el desencuentro entre ella y el personaje masculino resulta inevitable, cancelando la opción del final feliz de los cuentos de hadas y ejecutando un nuevo procedimiento de inversión, que es lo que rastrea el artículo que leerás.

Accede al artículo de los autores acá.

Cabrera-Pommiez, M. y Caruman, S. (2022).  «La bella durmiente» de Elena Aldunate: contratexto e inversión de roles. Taller de Letras, 70, 45-58.

Alexis Figueroa – Equipo Cronn

Publicado por ALCIFF

Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena. Fundada el año 2017.

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