Carlos Gómez Salinas

Carlos Gómez Salinas

Bradbury, sin duda, empezó todo con uno de sus cuentos. Recuerdo haber leído El Ruido de un Trueno; pero no recuerdo la edad que tenía o si fue por gusto o para una prueba en el colegio. Lo que sí recuerdo es la sensación de asombro por la mariposa, el cartel y el resultado de las elecciones. Luego siguieron algunas lecturas de Julio Verne, otras de H.G. Wells y Hernán Del Solar con su microbio desconocido.

La adolescencia dio paso a otras inquietudes y a otras lecturas. Leía con el apetito de la juventud los pocos libros que me recomendaban y los que me tincaban de la biblioteca del colegio. A pesar de no tener un género predilecto, ni haberme dado cuenta de que me gustaba esto llamado Ciencia Ficción; llegué a un par de distopías que alimentaron las preocupaciones existenciales y los juicios a la sociedad: 1984 y Fahrenheit 451.

En los años de universidad me vi envuelto en la literatura canónica hispanoamericana y las cosas propias de la pedagogía y del castellano. De Ciencia Ficción ni luces dentro de la Academia; sin embargo, las buenas amistades me llevaron a esos barrios marginales de la Literatura (así con mayúscula) donde me enfrente al cyberpunk de Gibson y a Hyperion, de Simmons (libro del cual presumíamos que tal vez se rumoreaba formaba parte de una obra mayor).

El nombre, el concepto y la definición volvieron a aparecer de manera fortuita en los primeros años de trabajo como profesor. El gusto comenzó a tomar forma, pero la distancia con cualquier nutrida librería sumado al desconocimiento solo me permitió acceder a uno que otro clásico.

A mediados de la primera década del nuevo milenio tuve la fortuna de encontrarme con un viejo amigo, un tal Marcelo Novoa, quien estrenaba en la Feria del Libro de Viña del Mar la antología Años Luz: Mapa estelar de la ciencia ficción y, por supuesto, la compré con una emocionante dedicatoria. De ahí en adelante no paré de buscar las obras de las y los compatriotas que cultivaron la CF. Tanto fue el interés que realicé una investigación en la obra de Elena Aldunate, comencé a organizar lecturas en mi lugar de trabajo con autores de la V región y dirigí un par de conversatorios en ferias literarias y universidades hasta que hace un par de años llegué al Primer Encuentro Internacional de Ciencia Ficción en Santiago. Ahí, gracias a Michel Deb, conocí a Wilbert Gallegos, Andrea Prado y Rodrigo Juri, quienes me invitaron a esto del ALCiFF.

Y aquí estoy. Un par de años después con más libros por leer, nuevos amigos con quien conversar y una trinchera de la cual compartir y disfrutar de la Ciencia Ficción.

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