La doble alteridad en los relatos de ciencia ficción chilenos de Aldunate, Phillips y Cádiz, por Carlos Gómez Salinas

Este artículo fue presentado originalmente como ponencia para el 1° Encuentro Internacional de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción, 2017. Esta es una versión actualizada. Aviso del autor: Spoilers.

Letras de Chile, Universidad de Chile, Pontificia Universidad Católica de Chile

Al hablar de ciencia ficción nacional inmediatamente llegamos a terrenos poco explorados desde la academia y, porque no decirlo, tibiamente explotado por la industria editorial, al menos hasta hace algunos años.

Realizar la lectura, escritura y análisis del género implica cruzar las fronteras demarcadas por una tradición literaria cercana a los relatos realistas, introspectivos o vanguardistas. Es salir del foco discursivo donde se concentra el yo, dueño del discurso canónico literario; alejarse de la tradición académica donde escasean los estudios relacionados con la Ciencia Ficción y, por consecuencia, un marco teórico nacional que nos acerque el género a nuestra realidad.

Establecemos así una primera alteridad, un primer parámetro para fijar a la Ciencia Ficción como ese otro literario. Entendiendo que el canon literario, reconocido y estudiado por la academia, será, en palabras de César Ruiz, el centro desde el cual se reconocen los bordes en los cuales se encuentra el género estudiado.

Aventurarse a escribir Ciencia Ficción en Chile ha sido, fundamentalmente en el siglo XX; volar bajo el radar de la academia, la crítica e incluso las casas editoriales. Si a ello le sumamos el ser una autora dentro del género nos encontraremos en una nueva posición de alteridad dentro de la Ciencia Ficción misma; pues dentro del borde impuesto por el mainstream encontramos a la mujer no solo en su papel de escritora, sino también en cuanto a manejo del conocimiento científico se refiere. Ejemplo de ello es que en su “Antología de Cuentos Chilenos de Ciencia Ficción” (1988), Andrés Rojas Murphy incluye dos autoras: Elena Aldunate e Ilda Cádiz; mientras el ensayo “En la Luna: un Bosquejo de la Ciencia Ficción Chilena” (2005), de Omar Ernesto Vega consigna solo tres escritoras nacionales del género: Elena Aldunate, Ilda Cádiz, Isabel Allende; mientras Marcelo Novoa, en su antología “Años Luz. Mapa Estelar de la Ciencia Ficción en Chile” (2006) incluye cuatro autoras: Elena Aldunate, Raquel Jodorowsky, Myriam Phillips y Soledad Véliz. A lo anterior podemos sumar nombres como Soledad Paiva, Eva Van Kreimmer, Claudia García Mendoza y Sofía Ramos Wong, quienes han publicado sus obras en los últimos cinco años.

Sin duda alguna la poca mención de escritoras de Ciencia Ficción no se debe a la animadversión de estudiosos y antologadores; todo lo contrario, es gracias a su esfuerzo que se ha logrado, muchas veces, el rescate las autoras mencionadas. La duda lógica asoma entonces ¿a qué se debe la poca cantidad de escritoras de Ciencia Ficción publicadas en Chile?

Podríamos especular posibles respuestas relacionadas con el interés de las autoras nacionales por cultivar el género o las razones por las cuales históricamente se nombran o conocen pocas autoras de Ciencia Ficción. Pero nos alejaríamos de nuestro propósito.

De las escritoras mencionadas, hoy daremos cuenta de los relatos de tres de ellas: Elena Aldunate, Myriam Phillips e Ilda Cádiz. Recorriendo, a través de sus temáticas, la visibilización de una otredad que nos sitúa en futuros probables donde no solo los sujetos de la alteridad toman fuerza sino también lugares que no son comunes a la tradición de la Ciencia Ficción mundial.

Iniciaremos con Elena Aldunate, denominada la Dama de la Ciencia Ficción chilena, quien publica su primera obra del género en 1967 “El Señor de las Mariposas”, para luego seguir con “Angélica y el Delfín” (1976) ambos tomos de cuentos y su novela “Del Cosmos las Quieren Vírgenes” (1978). Debemos señalar, sin desmedro de su obra, que hemos catalogado y clasificado como relatos de Ciencia Ficción los cuentos “La Bella Durmiente”, “El ingenio”, “Ela y los Terrícolas”, “Angélica y el Delfín”, “El Niño”, “El Mecano Verde” y “Golo”; sumando también la novela antes mencionada.

A poco andar en la lectura de sus cuentos notamos un carácter intimista de sus relatos donde las historias transitan por la soledad, la comunicación entre seres racionales de distintas especies, la sobrevivencia personal, el autoconocimiento y el amor en diferentes formas. Estos ambientes se caracterizan por ser acotados al enmarcar el encuentro de dos o tres personajes privilegiando la interacción directa entre ellos aunque sean acontecimientos importantes a nivel social, histórico y/o científico. Si bien se presenta el conflicto de la barrera comunicacional entre especies diferentes en la mayoría de los relatos, son los personajes que se encuentran inmersos en la situación quienes logran resolver el conflicto sin la intervención de terceros; situación que refuerza el carácter intimista de los ambientes creados.

Profundizando la problemática de la comunicación se presenta una constante en la obra de la autora: los sentimientos como una forma de comunicación universal. Ya sea en el encuentro de una mujer del siglo XX, accidentalmente criogenizada hasta el siglo XXX, y un físico-mutante perteneciente a una nueva raza de seres humanos telepáticos en “La Bella Durmiente”; humanos y seres extraterrestres en “Ela y los Terrícolas” y “El Mecano Verde”; una mujer y un delfín racional que comparte un origen evolutivo con la humanidad en “Angélica y el Delfín”; hasta llegar al emotivo encuentro del selenita Golo y un perro enviado a la luna en una nave espacial. En todos y cada uno de los encuentros son las emociones y los sentimientos los que permiten el entendimiento entre los seres, dejando atrás la racionalidad lingüística proponiendo las limitantes de la palabra y las ideas expresadas a través de ella; esto, sin duda nos plantea desde la perspectiva de la autora, la revalorización del sentir como una forma de comunicación por sobre la palabra.

Del mismo modo la emotividad nos será presentada como aquel complemento necesario a la razón. Situación demostrada en el cuento “Golo”; donde el protagonista, perteneciente a una raza que ha sacrificado sus sentires e instinto a fin de alcanzar la superioridad intelectual, se encuentra inmerso en la soledad, la cual acabará con el simple gesto amistoso del can que aluniza en una sonda espacial:

“El animalito está demasiado exhausto para incorporarse, pero con supremo esfuerzo lame sorpresivamente la piel fría de Golo para darle gracias, infinitas gracias.

Entonces, desgarrante, de lo profundo del recuerdo, la raíz del ancestro suprimido, el amor comienza a germinar penetrando a través de esa estructura cerrada y Golo Sonríe. Con sus ojos sin párpados, Golo llora mientras sus brazos estremecidos estrechan la hirsuta cabeza canina.”

En “La Bella Durmiente” asistimos al descubrimiento del físico-mutante del siglo XXX, Nohiónix Seleno, quien encuentra una mujer criogenizada del siglo XX; ante la cual “Por primera vez sentía la apremiante y desconocida necesidad de un contacto físico entre él y aquella cosa humana-animal-hembra que entre electrodos y cilindros latía acelerada y débil.” Sensaciones olvidadas en una sociedad altamente tecnológica y racional donde “desear a otro ser es como agredirlo”, donde la gran máxima reza “Somos un todo individual, siempre renovado y perfecto.” Es en este contexto donde la eminencia científica sucumbirá a la angustia de un amor no correspondido.

De esta manera la autora nos envía su mensaje: la importancia de la valoración de los sentimientos a la par de la razón para un adecuado desarrollo humano.

Un tercer elemento que mencionar dentro de la narrativa de Aldunate es el protagonismo de la figura femenina dentro de sus obras. Reflejado lo anterior en los cuentos “Angélica y el Delfín”, “La Bella Durmiente”, “El Mecano Verde”, “El Niño” y su novela “Del Cosmos las Quieren Vírgenes”.

La figura femenina representada por Aldunate en sus relatos se construye desde la soledad de los fracasos amorosos; tal como sucede en el primer cuento mencionado donde Angélica no encontrará compañía afectiva entre varón humano, mas, sentirá dicha conexión con Isspa el delfín; o en “La Bella Durmiente” cuando se nos devela el peso de los prejuicios de la época en la mujer criogenizada al ser veinte años mayor que su amado. O la complejidad de la vida eterna, plena y sin temores de X Adelantada 297 al descubrir las resonancias psíquicas de las vidas pasadas producto del antinatural proceso de rejuvenecimiento celular, también parte del último cuento mencionado.

Otra arista de la femineidad desarrollada en su narrativa es la maternidad, tanto en “El Niño” como en “Del Cosmos las Quieren Vírgenes”; donde una campesina, en el primer relato, y una profesora rural, en la novela, debe criar a seres superhumanos de un origen extraterrestre. Desarrollando el vínculo filial a través de la inocencia y calidez del amor maternal, lo cual indica la universalidad de las emociones para lograr el entendimiento.

Finalmente, en el ámbito de la figura femenina, surge la protagonista de “El Mecano Verde”; mujer innominada que ha sido mandatada para realizar el primer contacto con seres extraterrestres en pleno centro de la ciudad de Santiago. En este caso vemos a una mujer subordinada cuyo deseo más íntimo es lograr la paz con los visitantes, en contraposición a la figura masculina del aventurero espacial conquistador de nuevos mundos.

Recapitulando, dentro de las múltiples características de la obra de Elena Aldunate destacamos la solución al problema de la comunicación entre seres racionales por medio de los sentimientos y no de la razón; la emotividad y el sentir como bases del desarrollo humano; y la figura de la mujer como vehículo de problematización de los conflictos internos de la sociedad.

La segunda autora a tratar es Myriam Phillips, quien publica en Valparaíso los libros de cuentos “Pedro, Maestro y Aprendiz” (1982) y “Designios” (1983). De este último volumen de relatos trabajaremos con “El Juicio”, “En el Éter”, “Incursiones”, “Pithecanthropus” y “Pax”.

Relacionados con el campo del conocimiento científico destacamos los relatos “En el Éter” e “Incursiones”, no por su carácter técnico; sino más bien por el juicio realizado a la ciencia tradicional. Desde esta perspectiva se enfrentan en el primer cuento la parapsicología con la ciencia tradicional, siendo la primera la única que puede registrar y comprender las transmisiones radiales de un tiempo futuro. Interesante el que ambos conocimientos estén representados por la dicotomía hombre/mujer; siendo el primero quien figura del lado de la racionalidad, mientras, la segunda lo hace desde el conocimiento no tradicional. Similar situación de oposición ocurre en el segundo cuento al retratar la discusión de una pareja que viaja por la carretera; donde la mujer plantea la posibilidad de las realidades alternas y los universos paralelos, lo cual es tajantemente rechazado por su pareja esgrimiendo la rigurosidad científica como argumento. Cabe señalar que en ambos casos son las mujeres quienes finalmente tienen la razón dentro del mundo narrado.

Siguiendo en el plano de las Ciencias; los acontecimientos narrados en “Pax” nos presentan una sociedad avanzada en la exploración espacial, así como también en el conocimiento de su entorno, mas no en la comprensión de este. Enmarcado lo anterior en la utilización del conocimiento científico para lograr el dominio del universo a través de las armas; en contraposición al protagonista, un científico destacado deseoso de alcanzar la paz gracias a la comprensión de la naturaleza y el cosmos. Con el fin de alcanzar su propósito construye, ante el escepticismo y la burla de la comunidad científica, un supermicroscopio gracias al cual logra descubrir una ínfima civilización reunida a un promontorio conmemorativo de la bomba de Hiroshima donde la humanidad protesta exigiendo no repetir tal atrocidad. Hacemos notar como el giro argumental final desplaza a la humanidad hacia la alteridad transformándonos en un mero descubrimiento accidental el cual sirve de lección a una sociedad vastamente superior.

Continuando con la humanidad como sujeto de otredad, llegamos a “El Juicio”. Seremos testigos de una humanidad cautiva por los animales racionales del mundo, quienes enjuician a los seres humanos de forma severa y mortal por las afrentas hacia las formas de vida de la Tierra; desde un hombre que atravesaba polillas con alfileres hasta un cazador de leones. Esta inversión de los roles en esta realidad alterna rompe con la imagen de superioridad del Hombre, reflejando la importancia de la empatía hacia el planeta y sus habitantes.

Al igual que en la primera autora, Phillips aborda la figura femenina como protagonista de sus relatos. Recordar la reciente mención de “En el Éter” e “Incursiones” donde las mujeres tienen la capacidad de percibir la realidad de una forma que desafía los paradigmas establecidos. Por su parte, en “El Juicio” aparece la figura de Doris Duart, quien a pesar de ser condenada a muerte como el resto de los personajes logra, en último momento, el reencuentro con el gato que cuidó; quebrando así la radicalidad de la visión de los animales y demostrando que la única en lograr un real acercamiento y entendimiento con el otro es la mujer.

Un último aspecto relacionado con la alteridad de la obra de Phillips, son los nombres utilizados para designar a sus personajes. Una rápida revisión provocará encontrarnos con Gonzalo, Doris, Javiera, Flora, Daniel, Estela, Rafael, Rodolfo, Samuel, Jacobo, Jenaro, René. Situación no menor pues denota un alejamiento de los modelos sajones del género en un intento de acercar la Ciencia Ficción al espacio latinoamericano.

Finalmente llegamos a la tercera y última autora. Ilda Cádiz Ávila publica en 1969 su libro de cuentos “La Tierra Dormida”. De este conjunto de relatos hablaremos de “La Tierra Dormida”, “Una Pequeña Muestra”, “Nostalgia”, “Misterio en el Espacio”, “La Célula Perdida”, “La Imagen”, “Cuenta Regresiva”, “Aquí Cóndor CC-X10” y “Los Seres de los Andes”.

Una primera característica, empalmada con el último tópico mencionado en la autora anterior, es el carácter local que imprime Cádiz a sus relatos. Ambientados algunos de ellos en Concepción, Santiago, la Cordillera de los Andes y la tierra de O’higgins; nos presentan una sociedad tecnológicamente avanzada en la cual nuestro país destaca a nivel mundial. La autora se desmarca así de la idea preconcebida de que los avances se originan en el hemisferio norte. Desde la clonación de seres humanos desarrollada en la capital del país en “La Célula Perdida” y “Cuenta Regresiva”, pasando por la plataforma espacial construida íntegramente en el país en “Misterio en el Espacio”, los reveladores descubrimientos de un trabajador de la Usina aficionado a la astronomía en “La imagen”, el desarrollo de la exploración espacial a través de naves impulsadas por energía telequinética construidas en Chile mencionadas en “Aquí Condor CC-X10”, hasta llegar a enfrentar una nueva era glaciar por parte de chilenos comunes en “Los Seres de los Andes”.

Una segunda característica destacada se relaciona con la imagen de una tierra asolada por el cambio climático de efecto antrópico, lo cual provoca que la Tierra sea un campo de exploración para seres de otros planetas, así como también para los escasos sobrevivientes del fin de la Tierra. La xenoarquelogía descrita en “Una Pequeña Muestra” da cuenta no solo del estado inerte de nuestro planeta a través de la exploración de un ser extraterrestre, sino también enjuicia y desacraliza las creencias religiosas de la humanidad el compararlas con su propia civilización donde tiene la costumbre de reunirse a escuchar la sabiduría de una Mente Excelsa y tener un Ser Superior que los defiende inclusive de los meteoritos que asolaron nuestro planeta. A su vez, en “Nostalgia” recorremos los paisajes de una colonia espacial sobreviviente donde la vida terrestre es solo un documento historiográfico, los humanos sobrevivientes se han vuelto fríos y prácticos producto de las condiciones impuestas para la sobrevivencia.

Dentro de los personajes de la otredad creados por la autora, nos encontramos con las mujeres astronautas en “Misterios en el Espacio” quienes declaran al momento de competir por un puesto en la plataforma espacial que “Les probaremos que ellos ya no son los más capaces.” Laura y Mónica, mecánica y psiquiatra, dirigen y mantienen un faro espacial sobre territorio nacional. También, relacionados con la exploración espacial, están los tripulantes de la nave Cóndor CC-X10 quienes luego de una vida fructífera desarrollando las técnicas telequinéticas que permiten este nuevo viaje espacial y la construcción de las naves adecuadas; viajan al espacio al fin de la vida laboral donde deciden no regresar a la Tierra “Porque volver…¿a qué? ¿A terminar nuestras vidas retirados, postergados, obligados al ocio y, por último, inútiles?”.

Para culminar este recorrido es necesario repasar algunas ideas: En primer lugar la situación de alteridad que representa la Ciencia Ficción nacional tanto para la academia como para los lectores, aun cuando este último punto va cada día quedando más obsoleto; en segundo, una nueva figura de alteridad reflejada en las autoras comentadas dentro del mismo género; como tercera idea, la multiplicidad de temáticas que rescatan y proponen elementos ubicados tradicionalmente en los márgenes del género. Tareas pendientes son muchas en esta exploración y descubrimiento de las letras nacionales de la Ciencia Ficción.

A modo de reflexión comparto lo que escribió Myriam Phillips en uno de sus prólogos:

Sumergirse en una narrativa de este tipo puede que sea tal vez tarea ardua. A menudo se dice que es una narrativa de evasión.
Puede ser, sin embargo, que en la forma fantástica aparente se encuentre agazapada la cruda realidad.
¿Qué puede ser más real que la interioridad del hombre inmerso en sus conflictos psíquicos y en el extenso mar de las subjetividades?
¿Qué puede ser más real que el mensaje entre líneas, oculto en lo maravilloso de una trama?

Carlos Gómez Salinas
Miembro ALCIFF

Publicado por ALCIFF

Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena. Fundada el año 2017.

Un comentario en “La doble alteridad en los relatos de ciencia ficción chilenos de Aldunate, Phillips y Cádiz, por Carlos Gómez Salinas

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