Utopía: aproximación a la escena del crimen del deseo.

I.

[El deseo como silueta, polvo estelar]

Procedente de la Ley de Sturgeon, se sentencia «Nothing is always absolutely so» que podría traducirse de manera literal como «Nada es siempre así en todo», «No existe la absoluta verdad» o, paradójicamente al texto, «Nada es absolutamente de esa forma». Es así como el autor de ciencia ficción Theodore Sturgeon, asumo influenciado por el Principio de Pareto, intentó zanjar aspectos conceptuales respecto del género literario a nivel general.

La utopía, como deseo, imaginario en perspectiva, se desdibujó en el horizonte lentamente. El idealismo futurista, propio de la edad de oro, se consumió en ridiculizados argumentos generados en industrializada producción en masa. El discurso narrativo se consolidó, comercialmente, bajo el alero literario de la distopía. Renegó de las cromadas naves espaciales y de viajes intergalácticos saturados de aventuras que, desde algún punto de vista, promovían la evasión en turbulentos tiempos sociales.

El fenómeno de la utopía pareciera que trazó la ruta de una solitaria estrella fugaz. La utopía, quizás en boca de algunos, se encuentra muerta y enterrada al igual que el rock and roll.

Hemos trascendido el imaginario cyberpunk, incluso experimentado la naturalidad del post-cyberpunk, el biopunk, entre otros. Aquellos subgéneros irrumpieron de manera necesaria en el tiempo-espacio. Reflejó la consecuencia de una serie de situaciones sociales, miedos, conspiraciones, políticas e ideas que alimentaron de manera progresiva el significado, o inconsciente colectivo, de lo que se conoce actualmente como tecnología, incluso, el miedo hacia ella.

El deseo utópico de lo conocido como «el futuro» no logró consolidar sus ideales y visión frente a la monstruosa realidad que nos anunciaba la literatura, y el arte en general, respecto de la ciencia ficción.

II.

[Consideraciones previas a la autopsia del deseo utópico]

a. Thomas More (o Tomás Moro), aliado fiel de la iglesia católica, desarrolló variadas disciplinas en su natal Inglaterra. Fue un representativo detractor de las ideas reformistas de Martín Lutero. Su obra más relevante lleva por título Utopía. Si bien el nombre, actualmente, tiende a describir la perfección o algo inalcanzable, la intención de More, según los estudios, era reflejar una sociedad basada en conceptos político-filosóficos clásicos y cristianos, una alineación de sus pensamientos y creencias puras, en moral comunión. La trama invita a imaginar una pacífica comunidad isleña en donde la propiedad privada no existe. En donde el voto popular determinaba los representantes de la población, muy distinto a las sociedades medievales de aquel entonces y los experimentos democráticos del siglo veinte. Curiosamente, la isla de Utopía, nace artificialmente, separándose del continente por orden del Rey Utopo, representante máximo de la comunidad. El guiño a La República de Platón es transversal en su esencia. El fantasma de Platón vive desde siempre en la ciencia ficción.

b. La ciencia ficción, según Philip K. Dick, en base a una célebre reflexión que inicia describiendo la no-ciencia-ficción, discrimina y establece directrices ante la comprensión del género. Sentencia:

Tenemos un mundo ficticio; éste es el primer paso. Una sociedad que no existe de hecho, pero que se basa en nuestra sociedad real; es decir, ésta actúa como punto de partida. La sociedad deriva de la nuestra en alguna forma, tal vez ortogonalmente, como sucede en los relatos o novelas de mundos alternos. Es nuestro mundo desfigurado por el esfuerzo mental del autor, nuestro mundo transformado en otro que no existe o que aún no existe. Este mundo debe diferenciarse del real al menos en un aspecto que debe ser suficiente para dar lugar a acontecimientos que no ocurren en nuestra sociedad o en cualquier otra sociedad del presente o del pasado. Una idea coherente debe fluir en esta desfiguración; quiero decir que la desfiguración ha de ser conceptual, no trivial o extravagante… Ésta es la esencia de la ciencia ficción, la desfiguración conceptual que, desde el interior de la sociedad, origina una nueva sociedad imaginada en la mente del autor, plasmada en letra impresa y capaz de actuar como un mazazo en la mente del lector, lo que llamamos el shock del no reconocimiento.

III.

[Utopía y revolución, más allá del no-cuerpo del deseo]

La literatura siempre será literatura. Intentar revelar el frágil mundo interior de la humanidad a través de las palabras, es una romántica representación del vacío de la angustia natural, del deseo, que hambriento y obeso, nunca será saciado. La literatura nunca será la salvación, sin embargo, es una herramienta que, en la medida que sea coherente en si misma, puede generar aquella alternativa necesaria al tiempo-espacio que lo amerita.

Más allá de las posturas personales y críticas respecto a la forma en que se ha planteado la situación ecológica en la actualidad, el movimiento Solarpunk, señala que uno de los problemas de imaginar un futuro tan oscuro (haciendo alusión a las distopías) es que, si bien la catarsis ante el fracaso puede ser efectiva, tiende a devenir en una frustración que imposibilita pensar en alternativas.

La propuesta del movimiento Solarpunk es sólida en su estructura, ya cuenta con un manifiesto, estética personal, antologías, ideas e historia con predecesores y un futuro amplio en plena expansión, siendo un aporte a la oscilación narrativa del género, principalmente desde la gestión independiente y autopublicaciones, a nivel literario, no obstante, abarca una serie de disciplinas, tales como la arquitectura, el cine, la moda, la ciencia, entre otros.

Como género literario, se visualizan predecesores al movimiento, como la obra La quinta cosa sagrada (1994), por Starhawk, y Ecotopia: los cuadernos e informes de William Weston (1975), escrita por Ernest Callenbach. En ambas novelas se describen escenarios y sociedades anticapitalistas desarrolladas en torno al jardín.

En el aspecto cinematográfico, la visión generada por Hayao Miyazaki otorga un recurso estético esencial, al igual que ciertos desafíos políticos del movimiento, quedando establecido un norte en pleno descubrimiento y conquista. Pensar en Chile, y en el desarrollo de una Eco-Constitución podría ser algo más palabras.

El movimiento Solarpunk emerge en Latinoamérica, en Brasil, y desde hace años ha dado realce a ideas revolucionarias que, ajenas al círculo literario corporativo, exponen conceptos y refrescan cada vez a más lectores. Algunas antologías son Biketopia: Historias Feministas de Ciencia Ficción de Bicicleta en Futuros Extremos y Sunvault: Historias de Solarpunk y Ecoespeculación.

Su manifiesto lo deja claro. «Ser solarpunk, entonces, es montar una resistencia al corriente principal presente imaginando un futuro alternativo», por otro lado, uno de sus exponentes, Gerson Lodi-Ribeiro, lo desmenuza de tal manera que «si el ciberpunk era un “aquí está el futuro que viene y no nos gusta”, y el steampunk es una especie de “aquí está el futuro de ayer que desearíamos haber tenido”, entonces el solarpunk podría ser un “aquí hay un futuro que podemos querer y podríamos ser capaces de alcanzar”».

El deseo trasciende.

Daniel Olcay Jeneral, 2020.

Daniel Olcay Jeneral (Arica, Chile, 1990). Psicólogo. Publicó Asfalto_ (Cinosargo, 2013; 89plus/LUMA Publications, 2014) y Yonkion (Cathartes Ediciones, 2017). Forma parte de algunas antologías poéticas como Tea Party. Antología Trinacional Perú/Bolivia/Chile (CinosargoLa Liga de la Justicia, 2012); Predicar en el Desierto: Poetas Jóvenes del Norte Grande de Chile (2013), de la Fundación Neruda; y Halo: 19 poetas chilenos nacidos en los 90 (J.C. Sáez Editor, 2014). Recibió la Beca de Creación del Fondo del Libro del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en los años 2018 y 2020.

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