Marcos Fabián Cortez

Marcos Fabián Cortez
(Santiago de Chile, 1965)

¿Qué puedo decir? Mis primeros pasos en el mundo de lo fantástico los di en mi niñez, cuando acompañaba a mi padre a esos boliches de intercambio de “novelas de a duro”, allá en los barrios de Recoleta. ¿Cómo olvidar ese olor a añejo que despedían los millares de textos de bolsillo, rancios y cuyas hojas hirsutas ya calificaban como papiros, de romos ajados que poblaban los estantes de aquel recinto en la avenida El Roble? Sus empastes exhibían ese arte de paisajes cósmicos, donde prevalecía la indefensa heroína, semidesnuda y a merced de un engendro; verdaderos avatares de la cultura pulp.

Ya en mi adolescencia, fui incorporando a autores de mejor estirpe. Mi favorito en aquel entonces fue Julio Verne, precisamente por ser capaz de mirar más allá de lo que en su época era posible imaginando ingenios y artilugios muy adelantados para su tiempo, así como viajes a lugares fabulosos como el centro de la Tierra o tan distantes como la Luna y que en aquella época parecían imposibles. Con Isaac Asimov y Philip K. Dick me introduje en el fascinante mundo de la Inteligencia Artificial y la interrogante sobre la convivencia entre el hombre y la máquina, o las distopías, de futuros golpeados socialmente. Posteriormente con H. G. Wells, Ray Bradbury y Arthur C. Clarke me sumí en la búsqueda de la vida en otros mundos y el contacto con entidades de intelecto superior. Así la lista de autores comenzó a crecer tanto en nombres como en diversidad de temáticas.

Con el pasar de las décadas me enteré de la existencia de plumas nacionales que se arriesgaron a incursionar en la ciencia ficción y lo fantástico. Entre los más contemporáneos cito a Elena Aldunate, Hugo Correa, Antonio Montero, Héctor Pinochet Ciudad y Diego Muñoz Valenzuela, fui incorporando a otros más recientes.

El talento de estos maestros de la fantasía y de las llamadas novelas de ciencia ficción me inspiró, y fue entonces que di rienda suelta a la pluma y comencé a borronear mis propias quimeras. Por ahí me sugirieron publicar esos escritos. Luego de darle vueltas al asunto finalmente consideré que primero tenía que quitarle las aristas a mi narrativa para hacer aflorar la calidad literaria. Fue entonces que conocí a Diego Muñoz Valenzuela, por allá por el 2009, con quien hice gran amistad. Así fue que salió a la luz mi ópera prima Los Peregrinos (Simplemente Editores, 2012). En 2015, Puerto de Escape publica Réquiem para Tahinus, y en 2018, Triada Ediciones publica mi novela Portal de los dioses. Este año 2019, aparecí en la antología del “Microcuento Fantástico Chileno”, de Simplemente Editores. Desde siempre mi mayor preocupación ha sido difundir la ciencia ficción y lo fantástico en las nuevas generaciones, a través de las lecturas en aula de Letras de Chile o en mis propias charlas en colegios y bibliotecas, como también en mis artículos para la revista LDP MAGAZINE. Entrar a ALCiFF ha sido un honor y compartir con mis colegas un agrado.

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