De este y otros mundos: vistazos a la ciencia ficción latina a través de los ojos de sus protagonistas, por Marcelo Novoa

Quinta dimensión

1.

Para aquellos que amamos la ciencia ficción y la disfrutamos en cada una de sus variantes, envases y/o calidades, es obvio que pronto terminemos fundando un panteón de autores idolatrados (con altar incluido), resultante de que todo lo que les pertenezca, concierna o simplemente se refiera a ellos, se convertirá en objeto de deseo (ciego, febril, asesino). Así pues, habremos devorado juveniles relatos perdidos en revistas descontinuadas, descargado entrevistas en lenguas incomprensibles (sin traducción, por el solo gusto de verlos gesticular «en vivo»). Y, claro, cuando la suerte nos favorezca adquirir sus preciados libros, ya sean de/sobre/con nuestros santos patronos especulativos. En mi particular caso, sobrellevo una dependencia emocional extrema hacia la memorabilia, la ensayística o toda aquella inestimable, por rara o escasa, producción paratextual de mis amados tutores de CF, llámense prólogos, presentaciones, homenajes, reseñas o simples notas de lectura.

Ejemplos clásicos abundan, desde aquellos añejos consejos de L. Sprague de Camp en su Manual de ciencia ficción (1953) o las aún lúcidas advertencias de El universo de la ciencia ficción (1966), de Kingsley Amis Jr, pasando por las buenas intenciones de Ben Bova con sus Notas a un escritor de ciencia ficción (1981), y por cierto, la cátedra omnipresente del Buen Doctor reunida en Sobre la ciencia ficción (1982) o, inclusive, ciertas verdades bestsellerescas de Orson Scott Card en Cómo escribir ciencia ficción y fantasía (1990). Con tan apretado resumen, me queda claro que casi todo escritor, más tarde que temprano, intente dejar una huella sensible sobre su oficio, revisitando su campo de experiencias creativas, compartiendo secretos y/o recomendaciones con los lectores que, ellos presuponen (y no se equivocan) son creadores en ciernes, siempre ávidos de atajos, consejerías o tutoriales en medio de la ardua e infructuosa labor de convertirse, a su vez, en Autores.

2.

Ahora bien, en el ámbito latinoamericano, es forzoso acusar la casi inexistencia del tipo de libros antes mencionados; es decir, sé que aún no se han escrito, o yo no les he encontrado todavía, eso espero con fe de náufrago. Pues mi tarea investigativa no debiese partir de un criterio prejuicioso tal como: “La ciencia ficción en Latinoamérica ha vivido aislada del mundillo editorial desarrollado, de ahí su invisibilidad”. Y aunque en años recientes (seré aún más generoso y diré que en la última década) ciertos autores y otros tantos títulos sí gozan de mayor visibilidad entre pares, periodistas y académicos; en oposición al pasado reciente que se nos aparece como una distopía o hasta una ucronía, dados los juicios discriminatorios a los que se vio sometida por años toda literatura de anticipación en nuestras costas.

Y resulta más que entendible que nuestros autores del siglo XX (algunos respetados clásicos regionales y otros auténticos mentores de futuras generaciones) estuviesen tan preocupados porque se los leyese más y mejor, pugnando siempre para que sus obras circulasen en tirajes mayores a los normalmente exiguos de las editoriales independientes o derechamente autoediciones, donde suelen hallarse estas gemas ignoradas. Y salir, por fin, del rincón sombrío de librerías y liquidadoras (casi siempre junto a libros de autoayuda, testimonios de abducciones y futurólogos caídos en desgracia); lo que resultaba proporcional al desinterés por consignarles periodísticamente, ni mucho menos, rescatarles académicamente (como sí sabemos que hoy día sucede con cada vez menos timidez o vergüenza por parte de auténticos nerds infiltrados en las universidades locales).

Pero quien tropieza, no siempre cae, dicen por ahí los chistositos. Y en mi incansable rastreo de autores (siempre a punto de desvanecerse en el olvido feroz) me he topado con tres excepciones notables que paso a consignar.

3.

Antonio Mora Vélez (Barranquilla, 1942), el autor más destacado de la ciencia ficción colombiana, se inició a mediados de 1970, cuando ganó un concurso del Magazín Dominical de El Espectador, que luego publicaría muchos de sus cuentos. En el año 1975, funda el grupo El Túnel, que se convirtió en una institución cultural relevante en la costa norte caribeña durante dos décadas. Entre 1979 y 1986 publicó sus libros de relatos más conocidos: Glitza, El Juicio de los dioses y Lorna es una mujer. En el 2008 publica su primera novela del género, Los nuevos iniciados. Luego le seguirán otras selecciones de cuentos: Helados cibernéticos (2011) y Atlán y Erea (2014), reuniendo finalmente toda su novedosa poesía espacial en la antología: Los caminantes del cielo (2019).

Quizás el aspecto menos destacado de Mora Vélez (tanto por la prensa como por los lectores) es que fue el primer colombiano en definirse a sí mismo como «escritor de ciencia ficción», con la consiguiente estigmatización que ello conlleva. Y esta valentía queda reflejada en su provocativo libro: ¿Qué es la ciencia ficción? (2017), en donde reúne ensayos y reseñas sobre autores por descubrir como Daína Chaviano, René Rebetez o Campo Ricardo Burgos, junto a una lectura refrescante de Borges o Lem, sin olvidar a los totémicos: Asimov y Bradbury. Además de contener sendas entrevistas que lo retratan como lector cabal, humanista inclaudicable y visionario optimista a ultranza, por más fuertes que soplen los vientos postapocalípticos hoy tan en boga. Porque qué otro autor comprometido con su género podría afirmar el rol crítico de la CF de manera tan contundente:

(La CF) hace crítica del pasado, del presente y de las tendencias negativas que permiten advertir un futuro no deseable. Y lo hace mejor, desde los inicios de la Modernidad y con más propiedad -porque es su esencia- que cualquier otro tipo de literatura(…)

4.

Cuando un talentoso autor desaparece tempranamente (ya sea por accidente, enfermedad o propia mano) nace un pozo de deseos no cumplidos: ¿qué obras podría habernos legado con mayor madurez? O bien ¿existirán más originales inéditos a la espera de su consagración? Hasta puede que nos asalten serias dudas sobre la probidad lectora de viuda y parentela herederas de una labor, muchas veces, despreciada o minimizada en vida. Ha sucedido y volverá a suceder. Pero también lo otro, nos sopla el ángel de las causas contrarias. Cuando albaceas, amistades y/o editores altruistas deciden reunir dicha labor dispersa y elevar un monumento funerario no exento de dignidad. Tal es el caso de Si alguna vez llegamos a las estrellas. Escritos sobre literatura fantástica y ciencia ficción (2012), de Erwin Buendía Silva, que recopila sus cartas de amor a un género que subyugó su corto ir y venir por este mundo. Hallaremos su asertiva mirada sobre quienes debiesen gozar de mayor renombre entre adeptos a la literatura fantástica como fueron Clifford D. Simak, Boris Vian o Ítalo Calvino. Otras perlas serán sus breves notas evocativas sobre las plumas siniestras de Lovecraft, Stevenson, Stoker o Wilde. Punto aparte representa el visionario ensayo comparativo entre Julio Verne y un desconocido precursor de fantaciencia ecuatoriana, Francisco Campos Coello.

Erwin Buendía (Guayaquil, 1966 – 2006), egresado de la Escuela de Literatura de la Universidad Católica de Guayaquil con la tesis «Una aproximación a la literatura de ciencia ficción: Análisis de Profundo en la Galaxia, de Santiago Páez». Además cursó la maestría en Estudios Latinoamericanos en la U. Andina Simón Bolívar, y fue profesor en varias academias de Guayaquil. Donó su biblioteca a la Universidad Casa Grande. Escribió para revistas y diarios como El telégrafo, El Universo y Hoy, ejerciendo como bibliotecario del Colegio Alemán donde realizó sus estudios secundarios. Como se deja leer hasta aquí, esta podría ser la biobibliografía de cualquier académico en pleno desenvolvimiento de sus obligaciones contractuales. Pero si nos detuviésemos a nivel cuántico, persiste allí un irrompible campo energético que rodea su conversación, sus lecturas, sus clases y estos escritos divulgatorios: la serena maravilla que sin cesar anima toda vida humana. Su amigo de juventud y escritor también, Leonardo Valencia, grafica en el prólogo su valía como librepensador en tales tierras apáticas y sin imaginación:

Él era uno de los espíritus libres en medio de un ambiente cultural con límites prosaicos y estrechos para la fantasía, una ejemplar excepción de la que tuvieron suerte de aprender sus distintos alumnos de colegio o universidad, y sus amigos que lo escuchábamos con respeto, y por eso se puede comprender que su magisterio buscaba lo excepcional y lo lograba educando con el ejemplo sobre la capacidad de admiración, la libertad imaginativa, la revisión escrupulosa de los tópicos, lo que se creyó haber visto o leído y lo que se debía volver a leer o ver (…)

5.

Yoss, seudónimo de José Miguel Sánchez Gómez (La Habana, 1969), es, sin duda, el más premiado, antologado y traducido autor cubano de CF. Licenciado en Ciencias Biológicas, Universidad de la Habana, en 1991, escribe desde los quince años todo tipo de textos, desde ficción a artículos periodísticos. Graduado en técnicas narrativas del Centro de Formación Literaria «Onelio Jorge Cardoso», sus cuentos han aparecido en antologías y revistas virtuales tanto en Cuba, Argentina, Italia, España y Francia, asistiendo a convenciones internacionales de CF y Fantasía, en Francia, España, Argentina, Ecuador y Chile. Fue fundador de los seminales talleres literarios de ciencia ficción Espiral y Espacio Abierto. Integra, desde 1994, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y desde 2007 es vocalista del grupo de rock Tenaz. Ha obtenido importantes galardones dentro y fuera de Cuba, por ejemplo, los premios David (1988), Revolución y Cultura (1993), Luis Rogelio Nogueras (1998), Universidad Carlos III – España (2002), Calendario (2004), Domingo Santos – España (2005) y UPC – España (2010). Entre medio centenar de publicaciones se destacan: Los pecios y los náufragos (2000), Se alquila un planeta (2001), Precio justo (2006), Plumas de león (2007), Leyendas de los cinco reinos (2010), Condonautas (2012), Super Extra Grande (2012), además de la antología crítica: Crónicas del mañana. 50 años de cuentos cubanos de CF (2008). Y el libro de varia invención que reseñaremos a continuación: La quinta dimensión de la literatura. Reflexiones sobre la ciencia ficción en Cuba y el mundo (2012).

Todo el pesado oropel arriba señalado no es más que un sutil exoesqueleto holográfico sobre un autor todo terreno, mejor persona y querendón de la belleza, tal como se presente en este u otros mundos habitados. Yoss hace de su libro recopilatorio una gozada de principio a fin, incluidos algunos títulos derechamente desafiantes de tantísima gravedad ambiente, tales como: “Marcianos en el Platanar de Bartolo: un análisis de la historia y perspectivas de la CF en Cuba al final del segundo milenio” o “La flota marítima boliviana parte a la conquista de los océanos. (Breve reseña de la CF cubana, siglo XXI)”, sin perder la seriedad del verdadero conocedor con “Del ángel filósofo vs el BEM invasor al Raman vs el Varelse: breve panorama de los extraterrestres en la CF anglosajona, desde sus orígenes hasta los años 90”, que llega al paroxismo de su genialidad narratoria cuando nos sumerge, cual gamers en primera persona, con su crónica del II Evento Teórico de Ciencia Ficción y Fantasía Espacio Abierto 2010, entrando en sabrosos detalles de (des)organización, aunque siendo benevolente con los pasos en falso de fanáticos más ansiosos que versados, hasta caérsele la baba frente a una conferencia de apabullante título: “El hiperboloide trófico del ingeniero terraformador” que les permitió a la pareja de jóvenes científicos “desentrañar la dura ecología desértica de Dune basada en el complicadísimo ciclo vital de su alienígena forma de vida dominante, la trucha de arena-gusano Shai-Hulud…” ¡Y cómo no terminar felices y esperanzados estas simples líneas de recepción! Cuando podemos leer tales vertiginosas vueltas al sol de un miembro de nuestra misma especie, tan lejos y tan cerca, casi siempre sin perder hilo en sus claves y guiños, en una lengua que nos pertenece y nos cobija, sintiéndonos reconfortados y consolados, a la vez que alentados para seguir respirando en los ductos, mientras la monocultura mundial, impulsada por una globalización agónica, quiere revertir a las artes y al entretenimiento en algo compacto, más y más homogéneo, sin permiso para diversidad o diferencia alguna. Por ello, pienso que echar un vistazo a la CF latina a través de los ojos de sus protagonistas bien pudiera devolvernos la fe perdida.

Dunas de Concón, 2020.
MARCELO NOVOA (Viña del Mar, Chile, 1964). Poeta, editor y crítico literario. Doctor en Literatura. Fundó la Editorial Trombo Azul de Valparaíso, Chile, en los años 1980s. Allí publicó LP (1987) y Minorías (1988). Luego: Arte Cortante (1996), su libro de poemas en fuga, que continuó el 2003 (UV Ediciones). También: Álbum de Flora y Fauna. Notas sobre libros y autores de Valparaíso (2002). Y la antología más completa sobre/desde las Letras en Valparaíso (Ediciones del Consejo de Rectores V Región, 2010). Editor consultor de Alambique, revista académica de ciencia ficción y fantasía (USA y América). Invitado internacional de FIL Guayaquil 2012 y FIL Quito 2013, en representación de la Ciencia Ficción chilena. Prologuista de la más reciente Antología del Cuento Fantástico Chileno Moderno (Ediciones Univ. Adolfo Ibáñez/Cuarto Propio). A su vez, creó el proyecto editorial Puerto de Escape, donde publicó: Años Luz. Mapa Estelar de la Ciencia Ficción en Chile (2006), además de cuarenta y cinco títulos, entre novelas, cuentos y ensayos de autores chilenos. 
Desde el 2005 dirige el sitio web: Puerto de Escape, que le convierten en uno de los referentes obligados de la escena fantástica de habla hispana.

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