Minería en la ciencia ficción -aportes de un exminero-, por Iván Salazar

Mining Rig 1 by Garrett AJ
Los complejos y descomunales procesos que se llevan a cabo actualmente para obtener minerales, dependen de varios factores: la dificultad física para obtenerlo debido a una geología o clima agreste; la cantidad de polución generada en los procesos mecánicos y químicos, esos incómodos desechos obtenidos; y el siempre presente riesgo para la vida humana, tanto en los frentes de carguíos, en las estructuras de procesamiento y en el efecto adverso al medio ambiente.

Sobre la dificultad geológica y climática.

Tras estos parámetros debemos desglosar cada aspecto, empezando con la dificultad en la cual el terreno y el ambiente es clave. Así también, la variedad de técnicas y tecnologías dentro de nuestro planeta son una guía; hay que considerar los posibles escenarios que tendremos en ambientes extraplanetarios. Imaginarse una avanzada minera en un cinturón de asteroides sin gravedad, expuestos al impacto de asteroides, polvo cósmico y radiación. Otras en planetas con atmósferas ácidas y extracciones en planetas con temperaturas extremas, eso es apasionante, kilométricos transportes saliendo y entrando a puertos espaciales, descargando inmensos contenedores con variadas materias primas que impulsen un sistema de gobierno expansionista. Imaginar qué técnicas se aplicarán a todas las variantes, sería extenderme demasiado, sin embargo, puedo estar seguro que ante cada adversidad habrá una tecnología y una técnica aplicándose, por ejemplo: estructuras y máquinas vítreas trabajando en ambientes ácidos, usando cortadores láser para minimizar el contacto, máquinas gigantes devorando asteroides hechas como sólidas estructuras esféricas, dotados de escudos de energía, o torretas autónomas que vaporicen amenazas, navíos extraplanetarios que fungen como centros autónomos extrayendo, procesando y transportando; y ese personaje allí, controlando los aspectos de todo, viendo en las variantes cómo va surgiendo la trama de su historia; quizás una hostil forma de vida en criptobiosis despertando desde un planetoide en apariencia desprovisto de vida.

Sobre los coletazos de la actividad.

¿Y la ecología? Acá también podemos hallar ejemplos claros de como la actividad minera es capaz de aniquilar ecosistemas enteros. Asumo mi parte de culpa por participar. Imaginemos que hallamos un planeta con una fauna propia, no obstante hay un mineral que escasea y que es clave para algún proceso vital para otra especie. Una poderosa organización ecológica se opone. Y ya tenemos el origen de un conflicto. Sin embargo, un brillante personaje propone un sistema de extracción que no tendrá impacto sobre las formas de vida en dicho planeta. Con pros y contras, habrán diversos desafíos en una temática de ese tipo. ¿Para qué limitarnos sólo en un conflicto armado, cuando podemos llevar las letras a describir los pro y contras de la propuesta?, tal vez nadie lo sabía pero dicho mineral es el que mantiene la vida en ese ecosistema y sólo el hecho de obtenerlo es en sí perjudicial.

Sobre el riesgo humano.

Y ya que mencionamos aspectos perjudiciales para la vida, pues volvemos a los ejemplos presentes. Actualmente la minería es perjudicial para el ser humano. Altura, clima, polución y riesgos de accidentes. Nadie me viene con cuentos porque generaciones enteras de mi familia y familias cercanas lo han sufrido. He visto ancianos morir por la horrenda silicosis, niños contaminados con metales pesados en sus organismos, accidentes con pérdidas de funciones, sordera y ceguera parciales y completas. ¿Puede la biotecnología paliar esos desdichados efectos? Quizás la biónica, personajes con implantes tanto sintéticos como biológicos, pueden ser una salida argumental interesante. El calor y la deshidratación, el frío calando los huesos, son experiencias evitables. Entonces para ello, podemos imaginar sistemas de soporte vital como base en esas máquinas que conceptuaremos y que evolucionarán desde las comodidades de una cabina de maquinaria pesada, el aire acondicionado y filtrado, asientos ergonómicos que compensarán las vibraciones, con radio de comunicación, pantallas y controles que permiten al operador funcionar por horas dentro de ese cubículo. Ese podría ser un punto de partida, cabinas presurizadas blindadas inmersas en el chasis, visualizando el agreste terreno desde sistemas ópticos, controlando no solo su propulsión, si no además barrenos, martillos de pistón, cortadores de plasma o láser, pinzas y tolvas. Eso sin duda, minimizaría el riesgo humano, pero eventualmente, los efectos en otros son discutibles.

Reflexión final.

Soy un romántico en este aspecto y me gustan muchos factores de la pequeña minería. El bajo impacto ecológico, el espíritu de esos pirquineros antiguos, que sin idealizar el sacrificio de su trabajo, contaban con un valor impresionante al descender y trabajar por las oscuras galerías subterráneas. En estas meditaciones de lo que debía ser la minería en un futuro o en el imaginario de la anticipación científica o técnica en este caso, elegí sistemas similares a las colmenas, sistemas móviles o fijos que dotados de pequeños drones, van extrayendo volúmenes iguales o superiores a ellos. Llevándolos a centros de acopio-procesamiento, que fueran a su vez alimentando cargadores gigantescos con materia prima lista para ser usada. O también sistemas complejos que alteren la materia y que simplemente tomen porciones de cualquier substancia y la transformen en estructuras u otros sistemas, sin intervención de un transporte, a veces sólo operadas por un tipo de inteligencia artificial. Unidades hiperavanzadas que deriven materia mediante teletranspotación con máquinas autorreplicantes. En su contra parte, también podemos imaginar enormes estructuras devorando asteroides, planetoides o planetas, como formas de vida errantes que minan sin importar nada más que su beneficio propio. Todos los casos son ejercicios de imaginación basados en ejemplos “terrestres” donde también en un ejercicio, esta vez sociológico, podemos imaginar una revuelta en una mina extraplanetaria, en donde el aislamiento permite a verdaderos terratenientes corporativos hacer y deshacer con trabajadores humanos y androides. ¿Y qué tiene que ver esto con la pampa nortina? Imagina un mineral que construye un verdadero imperio galáctico, y de pronto alguien crea en un laboratorio el mismo mineral de manera sintética y barata. El desolador paisaje extraterrestre con maquinaria abandonada, donde seres racionales sobreviven de la chatarra, en cascarones vacíos y ajados, derruidos por el abandono de un imperio que los olvidó, luego de ese evento científico. Algunos tratan de huir hacia la civilización, sin embargo, aquello resulta un odisea.

Espero que este ejercicio de imaginación sea de tu agrado, y mejor aún sea un apoyo para tu trabajo. Bajo el escenario social actual, me vienen a la mente estas revueltas mineras y quise conmemorar este hecho con éste escrito, breve pero sentido.

Al concluir este ejercicio de tecno-ficción quiero agradecer y contarles de un amigo pampino, nacido en tierra agreste y sol, que remontó al mar. Un hombre cuya perseverancia es un ejemplo a lo que a letras se refiere, este articulo va en memoria de mi maestro Juan García Rodríguez, un baluarte en las letras de mi tierra, su perdida es irremediable, pero su legado será eterno en quienes le conocieron. Gracias amigos de ALCiFF.

Iván Salazar, 2020.
Mi nombre es Iván Salazar Villanueva, nací el 25 de noviembre de 1981 y he dedicado el tiempo de mi vida como técnico eléctrico y escritor. Mi tierra de origen es Vallenar, en la tercera región, y soy descendiente Diaguita (Los Alfareros). Actualmente estoy casado y soy padre de dos pequeñas hijas. Tengo un montón de proyectos en mente, pero la literatura ha sido mi foco desde 1999. He definido mis pasos rumbo al saber científico y tecnológico. No es que sea un erudito en dichos temas, sin embargo, éstos han definido mi forma de escribir y de pensar. He recogido de la vida los preceptos más útiles, los que me permiten sobrevivir en un medio recesivo al pensar y al reflexionar. Me tomo mi tiempo entre la vorágine de hacer y existir, de esta sociedad que se mueve a la velocidad de los datos, a la velocidad de nada. Eso soy: un instante entre eternidades, un milímetro entre distancias siderales, soy un escritor de utopías y entropías, de ficciones y realidades, de pesadillas y de sueños. Sí, estoy un poco desquiciado, pero de buena forma.

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