Omar Max: Future Road, por Sergio Alejandro Amira

The future’s uncertain and the end is always near
Jim Morrison

Hay personas que parecen que siempre han estado ahí, desde un comienzo, o incluso desde antes. Pasan los años y, como dijera David Foster Wallace, nos vamos convirtiendo en algo así como el mobiliario del mundo. Cuando la vida es un hábito, cuando existe solo la ilusión de cambio sin que nada cambie realmente, entonces llega la muerte, la poderosa muerte, y nos damos cuenta que no somos simple mobiliario, que somos más que una silla o una mesa. ¿Pero qué somos?, ¿o es más correcto decir lo que no somos? ¿Somos en relación a lo que no somos? ¿Podemos decir siquiera que estamos aquí? Sartre nos diría que, en el sentido en que se dice “esa caja de cerillas está sobre la mesa”, no podemos decir que estamos aquí, ni tampoco que no lo estamos. Eso sería confundir nuestro “ser-en-el-mundo” con un “estar-en-medio-del-mundo”.

La verdad es que si estoy escribiendo algo que parece carecer de sentido. Es porque me resisto a escribir sobre lo que realmente debo escribir y eso es que Omar E. Vega, mi amigo Omar E. Vega, ya no está.

Como dije al comienzo, hay personas que a uno le da la sensación que siempre han estado ahí, que han sido amigos o compañeros de toda una vida, y ahora que intento recordar cuándo conocí a Omar, mi memoria retrocede hasta el 2005. Fue ahí que Omar Ernesto Vega cayó, como Hulk tras uno de sus gigantescos saltos, en medio de un movimiento que aún está por contar con un nombre oficial, pero que la académica Patricia Espinosa en su ensayo del 2010 titulado “Panorama narrativo chileno siglo XXI: La revancha del neoconservadurismo”, reconoció como articulada en torno al ezine TauZero. La mayoría de quienes componíamos el cuerpo más o menos estable de TauZero estábamos relacionados con el fanzine Fobos y podríamos decir que contábamos con una doble militancia. No así Omar que, si bien contactó primero a Luis Saavedra, nunca publicó en Fobos. Y publicar un cuento suyo fue justamente lo que dio inicio a nuestra amistad. El cuento se titulaba El Camahueto y aparecería en TauZero cuando yo todavía era el editor, pero por discrepancias entre Omar y nuestro director plenipotenciario, Rodrigo Mundaca, el cuento finalmente no apareció allí, sino en Alfa Eridiani. El desquite no tardó en llegar, sin embargo, ya que en TauZero #18 (abril, 2006) publicamos un artículo de Omar titulado 2001: una odisea simbólica, y en el TauZero #19 (agosto 2006) su cuento Atlantis. Omar continuó como colaborador de TauZero y en el número 20 publicó Energía Nuclear II: fusión nuclear, y en el 24 el artículo H.G. Wells y la cuarta dimensión, además de su traducción para el cuento de Ben Bova Inspiration, en el mismo número.

Como prueba de lo versátil que Omar era como escritor está La Leyenda del Jaguar, un fanfiction de los Transformers que yo le solicité para Transfiguraciones, un spinoff de mi ezine El Calabozo del Androide, que consistía en una serie de números antológicos de relatos originales inspirados en los Transformers, que contó con la coedición del escritor español Miguel Ángel López y la colaboración de autores tales como Armando Rosselot, Francisco Ortega, Pablo Castro y Teobaldo Mercado. Omar eligió el universo de Beast Wars para su historia, que fue publicada en Transfiguraciones #4 (noviembre, 2007).

Pero regresando a TauZero, yo renuncié a mi cargo multifuncional de editor-diagramador-corrector-ilustrador en el número 20, quedando el siguiente en manos de Jorge Baradit, que lo hizo evolucionar de un cohete a pedales al Halcón Milenario, ratificando mi convicción de que para que TauZero avanzara, yo debía dar un paso al costado. Luego del TauZero #21 vino el TauRosa, “un número especial sobre nenas, hecho por nenas” a cargo de Ángela “Enkeli” González; y tras un par de números más, TauZero se terminó el 2008. Según entiendo no fue algo planificado, como en el caso de Fobos, simplemente ocurrió lo que ocurre en todo sistema cerrado: entropía. Las energías se dispersaron, los integrantes del movimiento también, yo me trasladé a la V Región y dejé de ver y de hablar con muchos de mis antiguos correligionarios. Pero Omar no fue uno de ellos. Con él seguimos en contacto y participando de actividades en conjunto. Estuvimos en calidad de público en el homenaje póstumo a Sergio Meier (a quién Omar le escribió el prólogo de su novela La Segunda Enciclopedia de Tlön), realizado el 01 de septiembre de 2009 en la Sala Rubén Darío de la Universidad de Valparaíso; luego fuimos parte de un panel en Universo Meier, otro homenaje a nuestro amigo, realizado entre el 28 de octubre y el 01 de noviembre del 2010, en el marco de la Expoferia Yo creo en Quillota. Y volvimos a compartir mesa nuevamente en otra charla sobre Meier, organizada en aquella ocasión por Patricio Robles (profesor e Investigador en Física), en Mayo del 2010 en el Salón de Exposiciones del Restaurant Enjoy del Mar. La última vez que tengo recuerdo de haber visto a Omar en persona fue en el coloquio Ciencia, Imaginación y Futuro, organizado por el profesor Robles, y realizado en la sala de medios audiovisuales de la Escuela de Ingeniería Eléctrica de la PUCV, el 20 de octubre del 2012.

Tal y como ocurrió con Sergio Meier, Omar deja obras inéditas, pero es de esperar que, a diferencia de lo que ocurrió con nuestro amigo Sergio, la suya sí pueda ver la luz. Hay un libro específico al que me gustaría referirme y que creo representa a cabalidad el pensamiento de Omar Ernesto Vega, me refiero a Lo que Chile puede ser. El 14 de agosto de 2009, la Directora Editorial de la Universidad de Talca me solicitó realizar un informe, en calidad de evaluador externo, de este libro. Omar era académico de dicha Universidad y había presentado el proyecto para su publicación por la institución. Acepté la propuesta y me enviaron una copia anillada por correo junto a una pauta general de evaluación, e inicié la lectura. Omar estaba al tanto de que estaba evaluando su libro y no me pidió ninguna consideración especial, salvo que fuera honesto. Y lo fui. El libro me pareció un excelente ensayo y así lo hice saber. Pero tiempo después, recibí un mail de Omar donde me decía que su libro había sido rechazado y quería saber la razón de “mi” rechazo. Le expliqué que, por el contrario, yo había evaluado muy bien su libro y le envié la pauta de evaluación para demostrarlo. Me pidió disculpas y me dijo que estaba haciendo una “redada”. Yo no era el único evaluador, por supuesto. No sé cuantos más hubo, ni las razones por las cuales Lo que Chile puede ser no fue publicado, pero ese incidente no fue obstáculo para que siguiéramos siendo amigos, solo un mero bache.

A fines del año pasado, y con motivo de un cambio de casa, encontré la copia que me envió la Universidad de Talca y hablé con Omar para plantearle la idea de postularlo al Fondo del Libro del 2019, y de paso, postular también una antología de sus cuentos. A él le encantó la idea, me dijo que hace mucho que no escribía, que había gente de TauZero que no había vuelto a ver más ni saber nada de ellos, que le haría un update a su libro (ya que después de todo habían transcurrido diez años). También lo invité a participar de dos antologías de cuentos, una de ellas en homenaje a Sergio Meier. Hablamos por última vez el 17 de febrero y Omar me contó que por fin había salido de sus compromisos y se pondría a trabajar en su cuento para el Fractanomicón. La madrugada del jueves 21 de marzo supe que Omar había fallecido de forma repentina el lunes de esa misma semana. Mi padre también falleció de forma repentina, un día lunes de enero del 2015.

Y aquí estamos y aquí estoy, atestiguando a Omar, tal como hacían los War Boys en Mad Max: Fury Road. A la espera de mi turno para entrar al Valhalla.

Sergio Alejandro Amira, 2019
Sergio Alejandro Amira nació en Concepción, Chile. Estudió Arte & Diseño en el Lowestof College de Lowestoft, Inglaterra; Licenciatura y Pedagogía en Artes Visuales en la

universidad Finis Terrae; y Magíster en Artes Visuales en la Universidad de Chile. Tras
obtener el segundo lugar del concurso de cuentos Fixion 2000 (que contó dentro del
jurado a Hugo Correa y Miguel Arteche) se aventuró de lleno por los caminos de la
literatura fantástica y ha publicado varias novelas en dicho género, entre las que
destacan: Identidad suspendida (2007), Kitsune (2014), Mad Love 500 (2015), Armórica
(2016), Otherkin y Sweet Dreams (2018).

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