Crítica: El retrato de Dorian Gray

Oscar Wilde
Editorial Oveja Negra. 1984, 1ra edición
(Original de 1890)
230 páginas

Dorian, un joven hermoso con un rostro tallado por los dioses es la premisa con la cual nos sumergimos en esta obra. Basil, un artista creador, divagante y soñador, busca en el retrato de Dorian la perfección, tratando de adueñarse de la virtud del joven, intentando mantenerlo en su vida como un oxímoron de felicidad y angustia. Así nos mantendremos durante el primer tercio del libro, con frases dignas para una medalla gracias al antagonista temprano de la obra: lord Henry.

En esta primera parte, tanto Henry como Basil tendrán discusiones y acuerdos respecto al significado de la belleza en Dorian y sobre cuanto afecta esa belleza en la facilidad de vivir, pero es Henry el que lleva el peso argumental en sus hombros, influenciando (o corrompiendo sonaría mejor) a Dorian hasta el hartazgo. El retrato toma una forma explícita, tangible y decidora en cada avance entre las páginas, siendo para ese momento histórico una ficción contemporánea de dimes y diretes con excelentes diálogos, aunque algo extraños, porque no se diferencian los personajes por las formas de expresión sino más bien por la profundidad de sus palabras.

En el segundo tercio el libro entra en un bache argumental, víctima del alargamiento forzado de la trama (asumo porque se pagaba por palabra publicada). Recordando que Wilde es un experto en cuentos y esta es considerada su única novela, nos encontraremos con una extensión en la prosa tardía del romanticismo, que puede resultar cansina en sus descripciones, las cuales logran darnos el ambiente necesario, pero al exagerarse, la historia se torna confusa en el sentido del mensaje a comunicar. Hasta la mitad del texto pareciera hablarnos de la superficialidad y, luego, al mutar a un texto de realismo mágico con el retrato captador de espíritus, se renueva la fuerza de la obra sin abandonar los detalles exagerados del entorno. Esta transición recorre hasta casi la parte final, donde nos disparan aventuras rápidas, víctimas del «relleno» que declara el clímax de la obra: una muerte esperable que, para sorpresa de nadie, nos involucra en la disyuntiva de amar u odiar al protagonista.

La trama es una introspección del propio autor, con personajes que representan las formas de Wilde y el mundo que lo rodea. Críticas sobre el machismo, sobre el conservadurismo, sobre la importancia de la imagen, sobre el arte mismo, sobre la libertad sexual, en fin, el libro parece un ensayo disfrazado en un cuento largo. Más allá del realismo mágico, se sitúa como un débil surrealismo, que logra meternos en los finales del 1800, cuestionando los grandes cambios tecnológicos que parecían ir a contramarcha de los cambios sociales, por lo que el texto pudiera llamarse El retrato de Oscar Wilde, sin problemas, porque durante esa época se cuestionó la «hombría» del autor, tratándolo de homosexual (relación Dorian-Basil) por ensalzar la virtud humana de la belleza.

Lo bello de la vida es lo bello del arte, con una creciente admiración por el logro de lo perfecto, lo admirable, lo que está tan en la superficie que deja de ser superficial para elevarse hasta lo divino. Wilde sabe que sus letras son provocativas y, bajo esa disyuntiva de lo metafórico, nos muestra un objeto como el cuadro, digno representante de una obra literaria cualquiera, que mostrando el ideal artístico como algo sin contraposiciones, carece de lo que en un futuro del siglo XX serán las interpretaciones mañosas y hedonistas de los que entienden el arte y los que dicen entenderlo. El retrato pierde calidez porque a quien representa su perfección va sufriendo las consecuencias de la vida desenfrenada; entonces, la gente deja de admirar a Gray, cual estrella de cine, donde el imaginario social de aquel joven inmaculado daña la percepción de un cuadro que se retuerce sobre sus pecados, porque solo nos muestra el lado humano de Dorian. Lo inhumano pesa en sus hombros con el eterno razonamiento de saberse equívoco en las prácticas que el fragor inculcado alguna vez por lord Henry; maldito instigador de placer, le explotará directo en el corazón para romper su persona en incontables dolores.

Me recordó la película Fragmentado (con James McAvoy), donde esta novela pareciera ser una influencia, dado que Wilde se divide en varios personajes (con lord Henry siendo la voz de la sociedad) y nos predica sobre la cultura imperante. El retrato de Dorian Gray es una reflexión sobre el hedonismo, las decisiones apuradas, las relaciones sociales forzadas y el castigo de la vida eterna ante la relajante muerte.

A favor le veo lo adelantada de la obra para la época y la exposición de temas que aún hoy son discutidos en la sociedad, dotándola de una gracia que logra lo mismo que una de las premisas de la trama: inmortalidad.

En contra, la prosa romántica y los capítulos excesivos sobre detalles superficiales resultan cansadores, aunque sirven para engrosar el vocabulario. Igualmente, la distinción de personajes se hace dificultosa en los modos de expresión, salvo por lord Henry, que siempre da un «latigazo» de opinión machista y conservador, vociferando actitudes que ni él puede lograr.

En síntesis, El retrato de Dorian Gray resulta indispensable no solo por la cúspide del sentido creativo de Wilde, sino porque logra entregarnos una visión de mundo a través de una trama que se infantilizó durante el siglo XX, sufriendo adaptaciones hasta de Disney, pero que siempre podrá surgir, porque como dice Wilde en el prólogo, «es al espectador, y no a la vida, a quien refleja realmente el arte».

Daniel Maturana

Publicado por ALCIFF

Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena. Fundada el año 2017.

2 comentarios sobre “Crítica: El retrato de Dorian Gray

  1. Siempre es bueno rescatar los clásicos. La CF no nació ahora y es producto de su historia.

    Una obra que no envejece (ta tan tan).

    Ahora, no conozco esa adaptación Disney que mencionas y no encuentro nada en la red al respecto. Tienes más info?
    Salu2

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    1. Hola, gusto de saludarte. Valga mi fe de erratas: el proyecto no lo quiso Disney y lo hizo una productora británica, que es a la que hago referencia (con Ben Barnes como Dorian (2009)). Agrego otro dato curioso: CW estaría preparando un sitcom adpatado del mundo de Dorian Gray con una mujer de protagonista (proyectos stand by desde 2018). Además está la referencia directa en la serie Penny Dreadful de Paramount. Lo último, hay una adaptación de 2021 actualizada a temas de redes sociales, pero no la he visto. Saludos.

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