Mutaciones, mujeres y Apocalipsis, de Jorge Etcheverry

Las Haploides , editorial Jacobo Muchnick, 1956.

A raíz de la presentación de mi libro de cuentos Apocalipsis con Amazonas (Toronto, Canadá, 2016) y la publicación de mi novela Los Herederos (2018), que incluyen clones y mutantes, me he estado entregando recientemente a relecturas y divagaciones más o menos conexas. La literatura de Ciencia Ficción y Fantástica está llena de mutaciones, como sería de esperar. Jack Williamson plantea dos versiones que impactan, en las novelas Dragon‘s Island (La Isla del Dragón, 1951) y Darker Than You Think (Más oscuro de lo que pensáis, 1948). En ambas novelas, las portadoras iniciales de la mutación genética humana son mujeres. Este carácter de semilla, donadora y decisoria de la vida, progreso o cambio humano, además de su índole mítica, no es ajena por ejemplo a ciertas versiones de las literaturas conexas, fantástica o iniciática. Acordémonos por ejemplo de la Eva de Das grüne Gesicht (El Rostro Verde, 1916), de Gustav Meyrink, donde también es la heroína quien despierta el yo súper consciente e inmortal escondido en Fortunato, un personaje masculino que a veces flaquea, pero a quien la fortaleza espiritual de su pareja proporciona la entrada al mundo real que está detrás del aparente. De alguna manera, este tema es una variante de uno más universal, que tiene un carácter mítico y atraviesa sectores culturales humanos decisivos: la aspiración de la conversión de la raza humana en una entidad aún humana, pero superior. Así en Meyrink nos encontramos con la mutación, esta vez espiritual y no de base genética, que imperará cuando el Apocalipsis limpie la tierra de la antigua humanidad y dé a luz la nueva. Pero la idea de la mutación del género humano es casi universal y un componente cultural básico que tiene numerosas encarnaciones en diversos campos del conocimiento, que de alguna manera representa o refleja tanto lo contextual inmediato como las constantes culturales, sino políticas e ideológicas.

De alguna manera se puede mencionar al “Hombre Nuevo”, que aparece por ejemplo en la visión derivada del análisis estructural y superestructural marxista, que esta vez es producto de la trasformación social, luego del Apocalipsis -que se supone que ha de venir- del mundo burgués. Es interesante esta noción del Apocalipsis no ligado ya a la supervivencia del género humano, sino al surgimiento de una nueva especie humana que sería este “Hombre Nuevo”. Así, la mutación que aparece en las novelas de Williamson ya mencionadas refieren a un cambio cualitativo de la especie humana, ya que tratándose de ciencia ficción más bien “dura”, se toman en cuenta las realidades científicamente establecidas de la evolución y la genética. En cambio, la versión de Meyrink en El Rostro Verde presenta una revolución espiritual, en tanto que la marxista es un cambio sociocultural radical ligado al desarrollo de las relaciones de producción, en que el sistema comunista, a través de la piedra filosofal del Partido, transmuta en oro el metal impuro del hombre. Pero en todos los casos se nota el anhelo siempre contemporáneo de un cambio y superación del hombre/mujer actuales y su paso a un estado superior. Como decíamos, en estas novelas el vehículo, e incluso el repositorio de este germen de una especie superior o de su reemplazo por otra, es la mujer. Lo mismo pasa en una novela de John Wyndham, Re-Birth (Las Crisálidas, 1955), en la que las mutaciones -caso bastante frecuente en la ciencia ficción de la época- son producto del Apocalipsis nuclear y las que tienen rasgos positivos trans o post humanos son las menos, siendo en general las mutaciones defectuosas las que prevalecen. De manera optimista, en este autor, cuya obra más conocida es el Día de los trífidos, las mutaciones viables llegan a prevalecer. En el cuento “The Golden Man” (El Hombre Dorado, 1954), de Philip K. Dick, la mutación más viable ya no es humana, aunque mantenga su forma, sino animal, y es la que habrá de prevalecer. Una versión de la mutación femenina, pero cuyo factible imperio es desbaratado por un héroe machista americano, se presenta en la novela de Jerry Sohl, The Haploids (Las Haploides, 1953), en que el Apocalipsis abortado es en realidad un cambio de todas las instituciones humanas, en un proyecto de estas mutantes que serían mujeres, las que se reproducen solo mediante su propio material genético. La base científica de las haploides es que la reproducción humana con solo material genético femenino es factible y se ha realizado en condiciones de laboratorio. Así, la prescindencia del macho en la continuación de la especie es un fantasma posible, pero improbable, que se asoma en el horizonte.

Jorge Etcheverry, 2019.

Jorge Etcheverry es chileno, pero reside en Canadá desde 1975. Poeta, prosista y crítico ha publicado Cronipoemas (2010), su sexto libro de poemas, mientras que el último de poemas a la fecha es Clorodiaxepóxido (Montecristo/Cartonero, 2017). Su novela De chácharas y largavistas y su antología de narradores chilenos en Canadá, Northern Cronopios, aparecen en 1993. En 2011, publica en Estados Unidos Chilean Poets: A New Anthology. Tiene una colección de relatos, Apocalipsis con Amazonas, aparecido en 2015. Es embajador en Canadá de Poetas del Mundo. Su último libro es la novela de ciencia ficción Los Herederos (2018). Canadografía, una antologías de cuentos de autores latinocanadienses, es de 2017. Figura en Antología de poesía chilena, Mago Editores 15 años (Chile, 2018) y Wurlitzer, Cantantes en la memoria de la poesía chilena (Chile, 2018).

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