Ahora que tanto resuena la física cuántica y que en septiembre se acostumbra a escuchar la cueca de Manuel Rodríguez, pareciera que el autor de ese poema musicalizado algo había advertido de esa inquietante rama de la ciencia. Sí, hay manifestaciones sospechosamente cuánticas en el canto a este guerrillero. Es que Pablo Neruda construyó en sus versos un personaje cuya posición y cuya identidad resultan extraordinariamente difíciles de determinar.
El poema comienza con una precisión casi cartográfica: “Saliendo de Melipilla / corriendo por Talagante / cruzando por San Fernando / amaneciendo en Pomaire”. Hasta ahí, ningún problema. Un hombre sale de un lugar, corre por otro, cruza por un tercero y amanece en un cuarto. Tenemos una trayectoria y, aparentemente, un personaje perfectamente localizado. Pero Neruda empieza a complicar las cosas cuando agrega Rancagua, San Rosendo, Cauquenes, Chena y Nacimiento. Y entonces aparece el verso decisivo: “por todas partes viene / Manuel Rodríguez”.
Por todas partes.

En nuestro mundo cotidiano, un objeto está aquí o está allá. Una persona puede desplazarse rápidamente entre distintos lugares, pero en cada instante ocupa una posición determinada. La física cuántica, en cambio, nos obliga a abandonar esta lógica cuando aborda sistemas microscópicos que pueden encontrarse en una superposición de posibilidades, descrita matemáticamente por una función de onda. Esto no quiere decir, como suele simplificarse en algunas conversaciones de sobremesa, que una partícula sea literalmente una bolita que está físicamente en todas partes al mismo tiempo. La realidad cuántica es bastante más sutil.
El ganador del Premio Nobel no necesitó una función de onda. Le bastó un intrépido patriota.
Manuel Rodríguez aparece en tantos lugares que deja de ser solamente un hombre que se desplaza por Chile y comienza a convertirse en una omnipresencia. El guerrillero ya no cabe cómodamente en un mapa porque Neruda no quiere que lo localicemos: quiere que lo imaginemos con alguna probabilidad.
Y aquí viene lo más entretenido. El asunto no es solamente dónde está Rodríguez. El problema es también qué es Rodríguez. Porque el poeta no se conforma con multiplicarlo geográficamente; también lo multiplica ontológicamente. El guerrillero “puede ser un obispo / puede y no puede / puede ser sólo el viento / sobre la nieve”.
Puede y no puede.

Y, como si fuera poco, el poema tiene una oración que parece escrita especialmente para complicar todavía más las cosas: “Madre, no mires”. Curiosamente, también es una magnífica puerta de entrada a la física cuántica. Porque en el pequeño mundo de los cuantos existe una relación extraordinariamente interesante entre el sistema y la mirada sobre él. Mirar implica una interacción física, una medición que puede alterar el estado del sistema.
La poesía, sin embargo, produce aquí una coincidencia maravillosa. Mientras la física nos enseña que la medición no es siempre una actividad inocente frente a un sistema cuántico, Neruda nos dice que no mirar es preservar algo. Seguramente el poeta pretendía dejar al prócer independentista tal como está, o como podría, probabilísticamente, estar.
Al final, la coincidencia entre Neruda y la física cuántica puede ser solo eso: una coincidencia. Pero resulta demasiado hermosa como para desperdiciarla. Ambos nos recuerdan que hay realidades que se resisten a ser localizadas e individualizadas; siendo incluso preferible no mirarlas. Del guerrillero del poema no sabemos exactamente dónde está ni, con certeza, quién es, porque el genial poeta decidió que no lo supiéramos del todo.
Y quizá por eso, dos siglos después, todavía viene por todas partes.
Lucio Cañete Arratia
Integrante de ALCIFF
CRÉDITOS EDITORIALES
Dirección editorial: Comisión Cronn
Creación/intervención visual de portada e imágenes: LEB+LLM
(Leonardo Espinoza Benavides en diálogo con modelos generativos de lenguaje e imagen)
Portada basada en el monumento a Manuel Rodríguez de Juan Luis Dörr Bulnes, Puente Alto.

