Participantes del Mundial CF/iFA 2026


Dice el refrán popular —aunque tal vez lo recuerde en un orden distinto— que no se debe hablar ni de política, ni de religión, ni de fútbol (¿en la mesa o era en cualquier sitio?), para evitar la tensión que genera esa gran «trinidad de la discordia».

Así que no lo haremos.

O, bueno, sí, sí lo haremos.

¡Pero! porque hablaremos de ciencia ficción (CF), una forma de la literatura que, sospecho, termina reuniéndolo todo. Casi literalmente todo, pero lo dejo en casi. Y es que la CF también puede, claro, generar uno que otro de esos miles de millones de laberínticos desacuerdos; aunque, al menos desde mi experiencia personal, todo ello termina culminando en significar, más bien, una instancia de comunidad, de diálogo y de un eterno descubrimiento compartido (y pienso, en paréntesis forzado, que podría decirse lo mismo de las tres cosas de las que no se debe hablar… No es lo mismo; lo sé, me convence). Espero, por lo tanto, que estas primeras líneas no hayan conseguido probar, precozmente, lo contrario.

Lo cierto es que, mientras escribo este artículo, nos encontramos a muy poco de que concluya uno de esos acontecimientos capaces de detener, aunque sea por unas semanas, el ritmo habitual de gran parte del planeta (que, al menos para validar esa aseveración, mi revisión personal de las consultoras globales de mediciones afines, Nielsen y YouGov, independientes de la organización del Colosal Gran Evento, permiten realmente confirmar un alcance mediático de este que supera al 50% de la población global): la Copa Mundial de Fútbol. Guste a uno más o menos este deporte en su cumbre de cada cuatro años, costaría negar que se trata de una circunstancia que reúne la atención de varios miles de millones de personas (discordia incluida).

Y fue precisamente este Mundial el que desencadenó otra de mis locuras bibliográficas.

Todo comenzó, cierto es, de manera bastante inconsciente. Durante meses fui adquiriendo con cierto impulso una serie de obras CF que provinieran de distintos países (e, idealmente, cuanto menos esperable fuera encontrarlas desde mis latitudes), hasta que un día descubrí que casi —es necesario repetir la cursiva—, sin proponérmelo, estaba intentando completar una colección bastante específica: reunir un libro físico de ciencia ficción representativo o perteneciente (aunque, mejor dicho, accesible desde Chile, en español, portugués, francés o inglés) de cada uno de los países participantes de la Copa 2026.

A partir de tal revelación (autoconfesión, sí, está bien, puede ser), el proyecto dejó de ser una actividad de un eterno insomne para transformarse en una misión urgente e ineludible.

Profundamente innecesaria, por supuesto.

Y precisamente por eso, tremendamente esencial.

El resultado es el que quiero compartir aquí (¡porque se logró!). Siguiendo los mismos grupos de países clasificados al Mundial, presentaré una selección de libros de cada uno de ellos. Algunos son clásicos indiscutidos; otros, hallazgos tanto recientes como antiguos. Varios llegaron a mi biblioteca después de búsquedas realmente difíciles y por momentos frustrantes; y espero que para muchos esta sea una exposición fascinante de libros que no habrían, tal vez, buscado o conocido sin esta locura. O al menos que todo esto resulte en una lectura entretenida.

Con esta introducción —y con la forma habitualmente enredada que me caracteriza cuando creo estar haciendo un breve marco inicial de presentación ante un escrito de no-ficción… y algunos dirán que también cuando escribo ficción, pero ese es tema aparte, aunque no pertenezca a la trinidad esa— ya puedo presentar oficialmente el campeonato.

Aunque, para ser justo y contradictorio, es un campeonato sin campeón (salvo lo decida quien lea y se lo tome con la seriedad que merece y no merece).

Habrá descubrimientos, sin duda. Hallazgos-campeones, ¡eso sí!

Además del recorrido y exposición, la idea es hacer algunas menciones por libro-país, sea del libro o su DT de escritura, o de cómo fue que di a parar con ellos.

Algo importante: mi gran amigo Cristóbal, Dauphin de la Cuadra, Mentat de profesión, sumo custodio de mantener mi coherencia y un feroz apasionado por el fútbol al punto de no atreverme a decir (porque intuyo la respuesta) si acaso le gusta más la CF o de lleno el fútbol, y al punto de haber sido uno de quienes me llevó a tomarme demasiado a pecho esta odisea —no confundir con películas contemporáneas que aún no he visto, pero planeo—, me advirtió, al saber que realmente haría este artículo, que la sigla, digamos, original de la Fédération extrapolada podía inducir a «equívocos» que prefería, enfáticamente, evitar. Para tranquilidad de él y para el absurdismo de mi parte, decidí rebautizar el experimento como el Mundial CF/iFA 2026, nombre que, debo admitir, probablemente necesite todavía menos explicación que el anterior. (La decisión fue ratificada, por supuesto, por el muy serio e imaginariamente real Consejo Elevado de la CF/iFA, institución cuya existencia jamás pondré en duda mientras este artículo permanezca publicado… Es… CF i Fantástico, por si las moscas, con «i» en ortografía de Bello). Valga destacar que, en estricto rigor, no puede decirse en voz alta, por limitación de nuestra lengua; solo puede leerse. Cualquier intento por pronunciarlo queda bajo exclusiva responsabilidad del lector y de las eventuales criaturas ancestrales o remixes electrónicos «Decision Red Car!» que ello pudiera invocar.

Antes de comenzar (que algo me salve de mis introducciones) conviene hacer una aclaración (ah, es importante). A lo largo de este artículo hablaré simplemente de «ciencia ficción o CF», pero quien me haya leído antes sabrá que utilizo esa expresión en un sentido deliberadamente amplio. Bajo ese paraguas conviven obras que otros preferirán llamar literatura fantástica, ficción especulativa, slipstream, literatura extraña o, sencillamente, difíciles o innecesarias de clasificar. No pretendo zanjar esa discusión; todo lo contrario. Para efectos de esta exposición, me bastará con decir que forman parte de un mismo territorio literario que me interesa recorrer.

En términos muy simples para la ocasión, me refiero a aquellas obras que mantienen un diálogo reconocible con nuestra realidad y que, respetando una determinada plausibilidad —científica, filosófica, histórica, simbólica o simplemente narrativa—, se permiten expandir tal realidad. Hace algunos años propuse una manera de comprender ese territorio bajo el concepto de «fractalismo». Desde entonces, mi propia visión ha seguido evolucionando, pero el espíritu continúa siendo el mismo: explorar aquellas historias que ensanchan, en toda dirección espaciotemporal, lo real de nuestra existencia humana sin romper completamente los puentes con ella.

Por supuesto, un criterio tan amplio necesitaba un árbitro igualmente amplio.



Para ello diseñé un sistema extremadamente complejo, cuyos detalles, lamentablemente, no puedo revelar. Su nombre oficial es Sistema de Arbitraje de Rigor Fractálicamente Estricto para Determinaciones Abstractas de Ciencia Ficción, aunque, por razones de naturaleza lógica ontológica, será mucho más profesional llamarlo simplemente por su acrónimo: SAR.

Si su sigla recuerda vagamente a cierto sistema arbitral utilizado en el Magno Evento…

… atribuyámoslo a una feliz coincidencia.

El SAR, dicho sea de paso, aprobó sin observaciones el presente campeonato.

Ahora sí.

Después de este histórico hat-trick introductorio del balonpié-dedoteclas llegó el momento de hacer aquello por lo que vinimos (ya no hay retorno).

Abramos la clasificación grupal de los 48 países en juego.

[Suena el pitido inicial y comienza oficialmente el recorrido por los grupos de este Mundial CF/iFA 2026, siempre bajo la atenta supervisión del SAR y de su respetable Consejo Elevado]



México

Mi representante mexicano será Soñarán en el jardín, de Gabriela Damián Miravete. Más que una elección estrictamente bibliográfica, también es una elección profundamente personal. La vida quiso que, gracias a la ciencia ficción, terminara encontrándome con Gabriela en un lugar tan improbable para un chileno como la Chengdu Worldcon 2023, en China. Hay libros que, desde entonces, dejan de ser solamente libros y pasan a contener también un recuerdo canónico.

Sudáfrica

Para Sudáfrica escogí Zoo City, de Lauren Beukes. Existen muchos otros autores sudafricanos que podrían haber ocupado este lugar, pero este ejemplar tiene una historia imposible de reemplazar: llegó a mis manos durante un viaje que jamás imaginé que terminaría haciendo, mi luna de miel en Sudáfrica. Con semejante recuerdo asociado, nunca estuvo realmente en duda su convocatoria.

(Arriesgando amonestación si hay chequeo del SAR, debo decir que no logré dar con Die Antwoord en Ciudad del Cabo).

Chequia

El tercer integrante del grupo es Chequia… o República Checa; prometo que el SAR seguirá investigando cuál de las dos denominaciones habría preferido la propia delegación checa con la que tuve la oportunidad de conversar en la Worldcon de Seattle. Aquí opté por un clásico indiscutido: Karel Čapek y La guerra de las salamandras. No solo porque Čapek nos legó la palabra «robot», sino también porque tengo la fortuna de conservar una edición particularmente hermosa de esta novela.

Corea del Sur

Cierra el grupo On the Origin of Species and Other Stories, de Bo-young Kim. El título me conquistó desde el primer momento por su guiño darwiniano, pero además recuerdo perfectamente dónde encontré este libro: una pequeña librería de Davis, California. Aquel mismo viaje me regaló otro recuerdo imborrable, conocer a Kim Stanley Robinson —nótese el toque junguiano de Kim y Kim—, experiencia sobre la que ya tuve la fortuna de escribir en otra ocasión. El SAR, sin embargo, me está haciendo señas de que no convierta este artículo en dos.



Si el Grupo A tuvo una representación relativamente amable, el Grupo B fue, sin duda, una auténtica expedición arqueológica. Tres de sus cuatro representantes implicaron búsquedas sorprendentemente difíciles, y el cuarto terminó regalándome una de esas historias entre épicas y tragicómicas.

Canadá

Comienzo con Wapke —gran título, a mi juicio—, una verdadera joya inesperada. Lo encontré no en una librería, sino en la tienda de un museo durante un viaje por Quebec. En un rincón, casi escondido entre recuerdos turísticos, aparecía este volumen que reúne relatos de autores pertenecientes a pueblos indígenas de Canadá, varios de ellos con una marcada sensibilidad especulativa. Fue uno de esos hallazgos que solo ocurren cuando la curiosidad decide desviarse unos pocos pasos del camino principal.

Catar

Representando a Catar escogí 3100, del Dr. Najeeb Al-Nauimi. Conseguir un libro catarí de ciencia ficción en inglés fue, por decir lo menos, difícil. Después de una búsqueda bastante más larga de lo que esperaba, terminé encontrando esta edición independiente, cuya existencia ya justificaba buena parte de la aventura. Además, confundir emocionadamente que su autor compartía conmigo la profesión médica, para luego descubrir que, en su caso, la «Dr.» era más bien por tener un Doctorado en Derecho, terminó de convertirlo en el digno representante natural de este grupo.

Bosnia y Herzegovina

Bosnia me regaló uno de los mayores sustos de toda la colección. The Coming, de Andrej Nikolaidis, parecía desmoronar mi selección cuando descubrí que el autor es ampliamente reconocido como escritor montenegrino. Por fortuna, tras la correspondiente revisión documental, el SAR confirmó el dato decisivo: Nikolaidis nació en Bosnia y Herzegovina. Crisis superada; el representante conservó legítimamente su camiseta.

Suiza

El grupo se cierra con Friedrich Dürrenmatt y El encargo. Aquí el debate no fue sobre nacionalidad, sino sobre contenido. El SAR tuvo que deliberar respecto de cuánto dialogaba la novela con ese amplio territorio especulativo que expliqué al comienzo del artículo. Finalmente, el fallo fue favorable. Confieso, eso sí, un pequeño tropiezo personal: originalmente pretendía comprar otra obra de Dürrenmatt, The Physicists, pero un clic inoportuno, un desliz de pulgar en la pantalla del celular, terminó llevándome hasta este libro. Viendo el resultado, sospecho que el SAR ya se había adelantado al tiro de esquina que terminé realizando: no hubo infracción.



Brasil

Mi esposa es brasileña —además de descendencia japonesa, porque la vida, sospecho, disfruta mezclando historias de maneras inesperadas—, así que buena parte del portugués que hoy puedo leer y hablar nació, tras ensayo y error, de la vida familiar.

El representante escogido es O Presidente Negro, de Monteiro Lobato. Podría escribir un artículo completo sobre cómo llegó este libro a mis manos, pero baste decir que apareció durante un viaje por Brasil que me llevó incluso, cual abismo «más allá del bien y el mal», al territorio de los pantanales y del Amazonas… y de mi propia mortalidad. Fue un viaje maravilloso del que regresé para iniciar otro menos grato. Algún día esa historia séptica capibariana merecerá ser ampliada; hoy el SAR me recuerda que estamos aquí para hablar de libros. (Cuidado con los capibaras salvajes; no es broma).

Marruecos

Su representante es The Dream Hotel, de Laila Lalami. Este libro llevaba ya un tiempo en mi biblioteca gracias a la recomendación de una panelista con quien compartí en un evento de ciencia ficción. Solo durante esta aventura descubrí que Lalami, además de desarrollar gran parte de su carrera en Estados Unidos, nació en Marruecos. A veces la propia biblioteca termina revelándonos cosas que no sabíamos que ya teníamos: la dulzura de la antibiblioteca, eterna danza del coleccionista.

Haití

Quizá una de las búsquedas más complejas de toda la colección. Después de mucho rastrear apareció finalmente Golden Veins, de Fabrice Guerrier. El recorrido para llegar hasta él resume bastante bien el espíritu de esta odisea: escribo este artículo en español, presento un libro que leo en inglés, cuyo autor tiene por lengua nativa el francés y el creole, representante de Haití. Así es la ciencia ficción; así es la CF/iFA. O quizás así funcionan los libros recónditos cuando uno les da el tiempo suficiente.

Escocia

Confieso que la tentación inicial era escoger cierta novela protagonizada por un conocido doctor y su inquietante contraparte. Sin embargo, por razones que el lector quizá comprenda —y por recomendación expresa del SAR— decidí mantener a cierto señor Hyde tranquilamente encerrado.

Mi representante escocés será, entonces, Poor Things, de Alasdair Gray. La reciente adaptación cinematográfica volvió muy conocida esta historia, pero me parecía justo recordar que, antes que película, fue un libro extraordinario.



Con el Grupo D completamos el primer cuarteto del campeonato y, curiosamente, también aparece uno de los países cuya elección parecía ser la más espinosa y laboriosa ante la enorme cantidad de candidatos que ofrecía:

Estados Unidos

Mi representante estadounidense es La guerra interminable, de Joe Haldeman.

No fue una elección difícil. Todo lo contrario.

Haldeman fue uno de los primeros grandes autores de ciencia ficción que llegaron a convertirse, para mí, en algo parecido a un héroe literario. Nunca imaginé que la vida terminaría llevándome a conocerlo en persona durante la DISCON III, la Worldcon representativa del área metropolitana de Washington D. C. Compartimos una comida junto a su esposa y también ¡Rodrigo Juri! Conversamos un buen rato y, hasta hoy, cada vez que miro la fotografía de ese momento, me sirve para comprobar que realmente ocurrió.

Además, este ejemplar está firmado por el propio Joe Haldeman, uno de esos pequeños tesoros personales que terminan, de manera inevitable, representando mucho más que un mero libro. Con los años incluso volví a encontrarme con él y con su esposa, Gay Haldeman, cuya calidez recuerdo con enorme cariño.

Paraguay

Para Paraguay hice una pequeña excepción permitida por el reglamento del SAR.

En lugar de escoger una obra exclusivamente paraguaya, decidí incluir Latinoaméricæditada: No disponible en su región, un proyecto muy especial para ALCIFF que reúne voces de distintos países de la región, entre ellas Paraguay. Más allá de la importancia que tuvo este libro para nuestra comunidad, me gusta pensar que también dialoga con el presente: hoy la Escuela ALCIFF está dirigida por la editora paraguaya Dafne Bustos, una de las muchas alegrías que la asociación ha ido regalándonos con los años.

Australia

Australia me hizo trabajar bastante más de lo esperado.

Estaba convencido de que ya tenía resuelto su representante… hasta que descubrí que no recordaba dónde estaba. La búsqueda incluyó algunas maniobras poco recomendables para mi espalda y la permanente amenaza de quedar atrapado dentro de mi propia biblioteca, episodio que, debo admitir, no habría sido completamente inédito.

Finalmente apareció.

El elegido es Luminous, de Greg Egan.

Y, por razones que el lector comprenderá fácilmente, me limitaré a decir que este libro también involucra al Amazonas.

Turquía

Cierra el grupo una de las sorpresas más agradables de toda esta aventura.

Aunque ya tenía localizada una importante obra turca, terminé optando por un hallazgo mucho más representativo: Anthology of Turkish Science Fiction Stories, una antología dedicada exclusivamente a la ciencia ficción del país, editada por Sümeyra Buran y Veli Uğur.

Descubrir que existía una recopilación como esta fue, por sí solo, suficiente motivo para que terminara vistiendo la camiseta de Turquía en este Mundial CF/iFA 2026.



Alemania

Aquí viví uno de esos pequeños sobresaltos bibliográficos que solo entiende quien pasa demasiado tiempo rodeado de libros. Estaba convencido de que ya tenía resuelto su representante… hasta que comencé a dudar de si realmente lo era. Después de la correspondiente revisión del SAR, el veredicto fue favorable.

El elegido es Heliópolis, de Ernst Jünger.

El libro llevaba muchos años esperándome en la biblioteca. El verdadero desafío fue encontrarlo. La búsqueda terminó convirtiéndose en una pequeña expedición doméstica que incluyó contorsiones bastante poco recomendables, algún reclamo de mi cuello y la satisfacción inmensa de comprobar que, efectivamente, el representante alemán había estado ahí todo el tiempo.

Curazao

Probablemente una de las mayores sorpresas de toda esta aventura. Confieso que no tenía ni por si acaso la intención —no por desinterés, sino por lo inusual que resultaría haberlo deseado espontáneamente— de cuestionar la presencia CF en Curazao, por lo que más surreal es la situación actual de verme junto a una legítima obra de ciencia ficción proveniente de allí. Costó, pero se encontró. Precisamente para eso sirven este tipo de expediciones: para descubrir territorios literarios que uno ni siquiera sabía que estaba buscando.

El representante es The Roar of Morning, de Tip Marugg, en traducción de Paul Vincent. La tradición literaria de Curazao mantiene un estrecho vínculo con la de los Países Bajos, algo que también se refleja en esta obra. Más allá de las definiciones del SAR, este terminó convirtiéndose en uno de los hallazgos a los que más cariño les tengo dentro de toda la CF/iFA.

Costa de Marfil

Probablemente uno de los casos más discutidos por nuestro exigente comité arbitral. El libro escogido es Standing Heavy, de GauZ’.

Llegar a él no fue sencillo. Durante bastante tiempo fue uno de los países más difíciles de representar (encontrar) y, cuando finalmente tuve el libro entre las manos, apareció una nueva duda: ¿entraba realmente dentro de mi criterio amplio de ciencia ficción? Después de algunas deliberaciones —y de varias conversaciones conmigo mismo— el SAR resolvió incorporarlo, entendiendo que su manera de especular sobre la realidad va mucho más allá de la ciencia ficción tradicional, incluso expandiéndola. De todos modos, debo hacer una confesión: mientras escribo este artículo viene viajando otro libro marfileño que probablemente también habría podido representar al país (y sin las múltiples reuniones del SAR a solicitud del Consejo Elevado). Llegó tarde para este Mundial, pero no para futuras ocasiones.

Ecuador

Nación cuya elección fue, considerando al DT de la obra, de las más sencillas de todas. El representante es Los improductivos, de Cristián Londoño Proaño.

El libro estuvo en mi radar por mucho tiempo, sin que pudiera descifrar el cómo encontrarlo físicamente. Al final, sin estar buscándolo de forma activa, sino tan solo participando en una feria literaria y permitiéndome un momento para mirar algunos de los stands editoriales, fui entonces a dar con él, allí en un rinconcito, aquí mismo, en Santiago de Chile. Además del mérito de la obra, me alegra especialmente incluirlo, porque Cristián ha sido durante años una presencia constante dentro de la comunidad de ALCIFF y uno de esos amigos que ayudan a recordar que la ciencia ficción latinoamericana siempre se construye mejor cuando se piensa como comunidad antes que como frontera.



Países Bajos

Confieso que todavía me cuesta no llamarlo simplemente Holanda. Quizá sea costumbre; quizá sea nostalgia. Pero respetemos la denominación actual y evitemos abrir una nueva de aquellas discordias que prometimos dejar fuera de este artículo.

Debo reconocer que aquí quería escoger un libro de mi amigo Roderick Leeuwenhart, uno de los escritores neerlandeses más destacados de la actualidad y ganador del Premio Galaxy en China, pero de quien no he logrado —aún— tener un ejemplar físico de su obra. La vida, en una de esas coincidencias difíciles de explicar, ha querido que nos encontremos ya dos veces al otro lado del mundo, encuentros improbables que terminaron convirtiéndose en nuestra amistad… Y no tengo su mejor libro en mis manos. ¡Dónde está el SAR!

Finalmente, con aprobación del Consejo Elevado, el representante será We Had to Remove This Post, de Hanna Bervoets. Lo encontré casi por casualidad y me conquistó a primera vista: primero por la edición física y luego por una premisa que me pareció todavía mejor. Prefiero no adelantar demasiado; descubrirla forma parte del encanto.

Japón

Podría haber escogido muchas obras distintas, pero decidí inclinarme por una muy especial para mí: Gene Mapper, de Taiyo Fujii. Conocí al autor primero de manera virtual y, tiempo después, tuve la alegría de conocerlo también en persona. El libro, además, protagonizó una pequeña odisea logística: tardó más de un año en llegar desde que lo compré. Confieso que durante meses pensé que se había perdido para siempre. Por fortuna, un día simplemente apareció. Quizá algunos libros también sepan hacerse esperar.

Suecia

Otro país que me hizo vivir uno de esos sustos completamente innecesarios. Estaba convencido de que ya tenía resuelto su representante y, al momento de ordenar los estantes para esta presentación, sencillamente lo olvidé. El concepto. Su concepción. Se me fue de la mente su existencia por más minutos de los que habría deseado. Fue un vacío raro, porque sabía y de pronto ya no sabía. La solución, por supuesto, reposaba tranquila y sin dudar de su pronta elección, reposando en uno de mis estantes bajos hasta dar con nuestro reencuentro: Aniara, ¡cómo haberlo olvidado aunque fuese un segundo!, de Harry Martinson, una obra que bien podría considerarse una de las grandes epopeyas de la ciencia ficción europea y cuyo autor obtuvo (primer golazo CF) el Premio Nobel de Literatura.

Túnez

Su representante es The Ardent Swarm, de Yamen Manai, uno de esos descubrimientos que me sorprendieron gratamente. Esperaba que encontrar una obra tunecina resultara engorroso, pero la búsqueda terminó siendo mucho más amable de lo previsto. Más allá de representar al país, quiero destacar el libro por sí mismo. Su estructura me llamó la atención y me encantó: comienza con una sección llamada Caos, continúa por segmentos como Confusión y Discordia, y desemboca, nada menos, que en Burocracia. Solo ese simple recorrido ya bastaría para tenerme uniendo ideas y sopesando signos y significados. El resto prefiero dejárselo al lector.



Bélgica

Su representante es I Who Have Never Known Men, de Jacqueline Harpman, un libro que llevaba muchos meses acomodado, tranquilamente, en su sector definido junto a otros libros: sección pieza-librero pared izquierda, planta nivel bajo rodillas, rincón norponiente. Hasta que, llegado el momento de esta CF/iFA Mundial, decidió esconderse con una eficacia admirable. La búsqueda incluyó las tradicionales contorsiones bibliotecarias y un curioso fenómeno: olvidé que apenas unos días antes ya había pasado exactamente por el mismo susto. Bélgica quiso hacerme dos goles.

Pero este libro ocupa este lugar por otra razón mucho más personal.

Durante un tiempo tuve tanto la edición en inglés como la edición en español. Finalmente decidí regalar esta última a un muy querido amigo, el escritor, economista y pensador Andrés Olave, con una dedicatoria que, naturalmente, solo nos pertenece a nosotros dos. Yo conservé la edición inglesa. Desde entonces, cada vez que veo este libro recuerdo que algunas historias también continúan viviendo cuando cambian de biblioteca.

Egipto

Aquí el representante es Egypt +100: Stories from a Century After Tahrir, editado por Ahmed Naji, perteneciente a una colección que me ha fascinado desde hace años y que imagina distintos países cien años hacia el futuro.

Este volumen tiene además una pequeña historia paralela. Un querido conocido —que con los años ya considero amigo—, el escritor Emad El-Din Aysha, ha sido una figura muy activa dentro de la ciencia ficción egipcia y ha mantenido vínculos con nuestra comunidad de ALCIFF. Curiosamente, no participa en este volumen, sino en otro de la misma colección. Son esos pequeños cruces literarios que hacen aún más entretenidas estas búsquedas.

Irán

Aquí el representante será Horizonte de eventos, de Balsam Karam.

Este libro tiene para mí una particularidad bastante curiosa: nunca logro recordar si primero conocí la obra o primero tuve la oportunidad de conocer a su autora en persona. Ambas cosas terminaron ocurriendo muy cerca en el tiempo y, de algún modo, hoy forman un solo recuerdo. Quizá sea apropiado que justamente un libro con ese título juegue también con mi propia memoria del tiempo.

Nueva Zelanda

Confieso que, mientras escribo estas líneas, el representante neozelandés no está exactamente donde debería.

Mi principal comentarista literario de esta CF/iFA Mundial 2026, mi pequeño Máximo, decidió esconderlo en algún lugar del departamento. No me preocupa demasiado. Es un libro de tapa dura y, además, el pequeñín hoy mismo me ayudó a construir un nuevo estante para la pieza-biblioteca, así que sospecho que simplemente está probando la paciencia de su padre.



El libro en cuestión es Genesis, de Bernard Beckett, una obra que además me costó bastante encontrar y que representa con mucho gusto a Nueva Zelanda en este campeonato.



Con el Grupo H completamos el segundo cuarteto del campeonato.

España

Mi primera intención fue escoger alguna obra de Domingo Santos, figura imprescindible de la ciencia ficción española. Sin embargo, terminé inclinándome por un libro con un significado mucho más personal: El Anacronópete, de Enrique Gaspar.

Lo considero una pequeña reliquia de mi biblioteca, pero sobre todo un recuerdo de viaje. Este ejemplar me fue regalado en China por la escritora Cheng Jingbo, con una dedicatoria que sigue convirtiéndolo en uno de esos libros que inevitablemente trascienden su propio contenido. El libro-objeto en sí, publicado dentro de la colección Arte y Letras, incluye otras dos novelas: entre ellas, Viaje a China, lo que termina siendo una coincidencia demasiado perfecta como para no sonreír.

Aquel mismo viaje me permitió participar, junto a Cheng Jingbo y otros autores internacionales, como mentor del Future Creation Workshop en Chongqing, una experiencia que todavía ocupa un lugar muy especial entre mis recuerdos. Algún día merecerá un artículo propio. Hoy, sin embargo, el SAR ya me está mostrando una tarjeta roja.

Cabo Verde

Confieso que durante mucho tiempo pensé que sería uno de los países más difíciles de representar. Y lo fue. Finalmente apareció The Madwoman of Serrano, de Dina Salústio, una novela que, además de haber recibido el PEN Translates Award en su traducción al inglés, terminó convirtiéndose en uno de los hallazgos más satisfactorios de toda esta búsqueda.

El SAR también tuvo bastante trabajo deliberando su incorporación al campeonato. Por decisión unánime, se aprobó.

Arabia Saudita

Aquí el representante será Brother Alive, de Zain Khalid, un libro que conseguí usado después de una búsqueda bastante larga.

Su presencia en este Mundial tiene una historia muy particular. Durante un panel internacional pregunté qué obra podía representar adecuadamente a Arabia Saudita y recibí la recomendación de un escritor saudí con quien he tenido la fortuna de coincidir en lugares tan improbables como China y Estados Unidos. Confié, claro está, en su sugerencia… y no me arrepiento en absoluto. Si el lector decide buscar la novela, probablemente entenderá por qué.

Además, admito que siento un cariño especial por este ejemplar: conserva esa clásica protección plástica de biblioteca de escuela tan habitual en Estados Unidos, un pequeño detalle material que también termina guardando sus propios recuerdos.

Uruguay

Aquí la elección fue sencilla.

El representante será Ahab, de Ramiro Sanchiz, una novela extraordinariamente extraña en el mejor sentido de la palabra. Disfruté su lectura de principio a fin y no podía dejar pasar la oportunidad de recomendarla.

Existe además otra razón para escogerla. Ramiro ha sido uno de los invitados de honor de ALCIFFCON y una presencia muy querida dentro de nuestra comunidad. Me gusta pensar que este campeonato imaginario también celebra esos puentes que la ciencia ficción latinoamericana ha ido construyendo con los años.

[Pausa de hidratación necesaria. Y por hidratación, me refiero a café. No creo que haya confusiones al respecto]



Francia

Aquí la decisión requirió una larga deliberación del SAR. Francia ofrece una cantidad inmensa de candidatos posibles, pero finalmente terminé escogiendo un libro que representa bastante bien el espíritu de esta colección y también parte de mi propia historia como lector.

El representante será La muerte de la Tierra, de J.-H. Rosny aîné.

Se trata de una novela breve, pero extraordinariamente sugerente. Recuerdo especialmente la forma sobria en que imagina una modalidad de vida completamente distinta de la humana, una de esas ideas que permanecen mucho tiempo dando vueltas en la cabeza, en la imaginación, incluso después de terminar la lectura, si acaso dejan de dar vueltas alguna vez.

Pero este ejemplar ocupa un lugar especial por otra razón.

Fue un regalo de Luis Saavedra, uno de los grandes responsables de mi ingreso a la comunidad de la ciencia ficción chilena. En la primera página conservo una nota escrita por mí mismo que dice:

«Regalo de Luis Saavedra, en una tarde santiaguina acompañada de dos cafés irlandeses. Leído y disfrutado en Virginia, Estados Unidos, 2015».

Hay dedicatorias que escribe el autor.

Y hay otras que uno escribe para no olvidar un momento.

Esta pertenece claramente a las segundas.

(Pero no la copié completa; algo debía quedarse para mí).

Solo faltaba un detalle por resolver: Rosny aîné nació en Bélgica, pero posteriormente adquirió la nacionalidad francesa. El SAR deliberó… y deliberó… y aprobó su incorporación definitiva al equipo francés.

Senegal

Su representante será Brotherhood, de Mohamed Mbougar Sarr, escritor nacido en Dakar.

De entrada imaginé que este sería uno de los díficiles de encontrar. Al final ocurrió lo contrario, al menos (no como con Cabo Verde). Además del enorme interés que me despertó el libro, me llamó la atención la elegancia de esta edición. A veces una portada y su textura bastan para invitar a abrir una novela; después le corresponde al texto justificar esa primera impresión.

Irak

Aunque mi biblioteca también cuenta con el volumen colectivo Iraq +100, terminé optando por otro cuyo título, cada vez que lo vuelvo a mirar, me empapa con esa magnificencia de atracción cognitiva que solo a veces se logra en pocas palabras: The Iraqi Christ, de Hassan Blasim.

Su presentación, su título (qué buen título) y la fuerza con que invita a la curiosidad bastaban para convertirlo en un candidato muy serio. Si a eso se suma que la propia contraportada lo pone en diálogo con autores como Roberto Bolaño y Jorge Luis Borges, comprenderán por qué terminó imponiéndose dentro de la delegación iraquí.

Noruega

Aquí el representante será Girls Against God, de Jenny Hval.

También fue una decisión revisada cuidadosamente por el SAR, pero terminó siendo aprobada sin mayores objeciones. Me llamó la atención desde que lo encontré (en parte por que no encontré otro, pero solo en parte), comenzando por un título imposible de ignorar, como fuera el caso iraquí, y continuando con una primera línea en su primera página que, al menos en mi caso, me dejó aturdido y atrapado (un gol de sintaxis).

No la citaré completa aquí. Basta decir que muy pocas novelas consiguen capturar al lector desde la primera frase con semejante eficacia.

Y debo admitir que tiene cierta gracia que precisamente este grupo reúna títulos que, de una u otra manera, vuelven a rozar algunos de aquellos temas que prometimos no discutir en la larguísima introducción. Por fortuna, seguimos hablando únicamente de ciencia ficción… El SAR puede dar fe de ello.



Los comentaristas comienzan a elevar la voz. No porque el reglamento lo exija, sino porque el campeonato entra en esa etapa en que uno empieza a mirar de reojo la final.

Argentina

Debo reconocer que Argentina ocupa desde hace mucho tiempo un lugar muy especial para mí. Nunca he sabido explicar del todo por qué. Quizá sea una de esas cosas que entiende mejor el inconsciente que el consciente de quien escribe estas líneas. Con los años he conocido allí grandes autores, grandes lectores y, sobre todo, grandes amigos. Por eso mismo, escoger un solo representante no era una tarea sencilla.

Finalmente, el SAR resolvió algo que, curiosamente, ya estaba resuelto desde antes.

La representante será Angélica Gorodischer, con Tumba de jaguares.

Hablar de Gorodischer es hablar de una de las grandes voces de la literatura fantástica y de ciencia ficción en nuestra lengua. Pero este ejemplar tiene además un valor muy personal: incluye un prólogo de Martín Felipe Castagnet, escritor a quien admiro profundamente y con quien la vida terminó regalándome una hermosa amistad. Me gusta pensar que este libro reúne, de algún modo, dos generaciones de la literatura argentina dentro de un mismo volumen.

Y eso basta para que represente a Argentina en este Mundial CF/iFA.

Argelia

Aquí el SAR volvió a mirar con atención… y terminó sonriendo.

El representante será La peste, de Albert Camus.

Sí, Camus nació en Argelia. El reglamento queda satisfecho.

Pero debo hacer una pequeña declaración camusiana.

En mi biblioteca conservo un retrato de Albert Camus. No está junto al resto de los escritores que suelen acompañarme mientras trabajo. Está en otro rincón, uno que me pareció apropiadamente absurdo.

Nunca olvidaré el día en que mi esposa lo vio por primera vez y, con total naturalidad, me preguntó que quién era aquel amigo cuyo retrato tenía colgado en la pieza.

Creo que esa anécdota explica bastante mejor mi relación con Camus que cualquier análisis literario.

Austria

Aquí el representante será El Golem, de Gustav Meyrink.

Encontrarlo resultó bastante más difícil de lo previsto. No porque no estuviera, sino porque yo mismo estaba convencido de recordar perfectamente dónde lo había dejado (para variar). La búsqueda terminó reuniendo cervicalgias, lumbagos y una buena cuota de obstinación bibliográfica: nadie dijo que el Mundial CF/iFA 2026 sería cosa simple, en cualquiera de sus sentidos. La tortículis es real.

Valió completamente la pena.

Además de ser una obra fundamental dentro de la imaginación fantástica europea, siempre me ha fascinado pensar cómo la figura del gólem dialoga, desde otro lenguaje y otra época, con muchas de las preguntas que posteriormente heredarían las criaturas de la ciencia ficción.

Jordania

Aquí el representante será Arabilious: An Anthology of Arab Futurism.

Encontrarlo fue una verdadera campaña. Pero precisamente por eso me alegra especialmente verlo aquí. La antología reúne autores de distintos países árabes, entre ellos Jordania, y vuelve a aparecer un viejo conocido de este recorrido: Emad El-Din Aysha, a quien ya habíamos encontrado anteriormente representando a Egipto desde otro lugar.

Quiero además aprovechar de destacar el enorme trabajo de Future Fiction, la editorial dirigida por el italiano Francesco Verso, cuya labor ha permitido acercar al resto del mundo voces que muchas veces permanecen invisibles fuera de sus propias lenguas.

Es curioso.

Italia no logró clasificar a este Mundial CF/iFA.

Pero, de una manera u otra, terminó igualmente presente.



A estas alturas del campeonato ya no son solo los comentaristas quienes comienzan a emocionarse. También quien escribe estas líneas siente que el recorrido empieza lentamente a acercarse a su final.

Portugal

Aquí la elección fue, en realidad, realizable a ojos cerrados (no lo pude evitar).

El representante será Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago.

Pocas obras necesitan tan poca presentación. Bastaría probablemente con el nombre de Saramago para justificar su presencia. Confieso, además, que siempre me ha llamado la atención una frase de la contraportada de esta edición, donde se le describe como «portugués de nacimiento y canario por devoción». Comprendo perfectamente su sentido, pero no puedo evitar que, por alguna razón, Camus aparezca nuevamente por un rincón de mi cabeza. Dejemos esa asociación al lector. El SAR, prudentemente, ha decidido no intervenir.

República Democrática del Congo

Su representante será Congo Inc.: Bismarck’s Testament, de In Koli Jean Bofane.

Este libro tardó bastante en llegar a mi biblioteca y, durante el proceso, el distribuidor me informó más de una vez que habían surgido problemas con el transporte aéreo. Nunca supe exactamente qué ocurrió, pero finalmente el libro llegó a destino.

Y valió completamente la espera.

Además de su contenido, me llamó mucho la atención un detalle material: al abrirlo aparecen distintos elementos impresos también en caracteres chinos. Fue uno de esos pequeños descubrimientos que inmediatamente despiertan la curiosidad por las conexiones inesperadas entre culturas aparentemente muy lejanas.

Uzbekistán

Confieso (creo que necesito más sinónimos) que este país llegó a mi biblioteca gracias a otra pequeña obsesión personal: completar, poco a poco, representantes de toda Asia Central. Ese proyecto terminó regalándome algunas búsquedas maravillosas y, entre ellas, apareció We Computers, de Hamid Ismailov.

El subtítulo anuncia que se trata de una ghazal novel, una novela construida a partir de una antigua forma poética. La combinación de novela uzbeka y ghazal… No se diga más. A eso se suma una edición en inglés particularmente hermosa, una de esas que también recuerdan que el objeto libro posee su propia forma de belleza.

Colombia

Aquí debo hacer primero una mención afectuosa a mi amigo Luis Carlos Barragán, uno de los grandes nombres de la ciencia ficción colombiana contemporánea y autor de una novela que admiro profundamente: El gusano. Todavía conservo un regalo que me envió cuando nació Máximo: un pequeño par de calcetines traídos desde Mongolia. Cada vez que los tomo y siento ese curioso aroma lejano y cercano pareciera que vuelo, de algún modo, a esos paisajes inmensos que inevitablemente uno imagina al pensar en ese país.

Pero el representante colombiano será otro, para darle más giros a la trama.

He escogido Los jeroglíficos del jardín, de Antonio Mora Vélez.

Me gusta especialmente porque demuestra y confirma algo crucial del recorrido: la ciencia ficción también puede escribirse desde la poesía. En este caso no se trata simplemente de poemas con elementos fantásticos, sino de una verdadera conversación entre ambas tradiciones. Me pareció una forma muy hermosa de representar a Colombia y, al mismo tiempo, recordar la enorme riqueza que posee la ciencia ficción latinoamericana.

[Interviene el SAR. Tarjeta amarilla para el comentarista. Consta en acta que Aniara ya había defendido con enorme dignidad la poesía de la ciencia ficción varias fechas atrás. De todos modos, queda autorizada la exposición; nada fuera de juego. Continúe]

¡Intervención inesperada ahora del presidente del Consejo Elevado, JP Cifuentes Palma! El noble poeta del balonpié-dedoteclas levanta su pulgar al cielo y… sonríe, preparado para la final.



Llegamos, ahora sí, al último grupo de este Mundial CF/iFA 2026.

Y ocurre algo. Mientras escribo estas líneas, el tiempo de este campeonato imaginario comienza a encontrarse, demasiado, con el del otro campeonato mucho más conocido. Cuando este artículo vea la luz, se estará disputando la final del Mundial de Fútbol, probablemente durante algún alargue. Pero ya hicimos un pacto al comienzo de este recorrido: nosotros vinimos a hablar de ciencia ficción. Aunque, a estas alturas, reconozco que ya no estoy tan seguro de dónde termina una y comienza la otra.

Inglaterra

Aquí la elección fue inmediata. No porque Inglaterra no ofreciera muchas posibilidades, sino porque existe un libro que, simplemente, ocupa un lugar imposible de reemplazar.

Cloud Atlas, de David Mitchell.

Es, sin rodeos, mi libro favorito.

No sé si existe realmente algo como «el libro favorito» de una persona. Sospecho que cambia con los años, con la vida y con quien uno va siendo. Pero, si alguien me hiciera responder hoy, probablemente este seguiría siendo mi respuesta.

Además, este ejemplar guarda otra historia. Fue un regalo de mi esposa, quien lo encontró durante un viaje a California. Yo terminé leyéndolo en la costa opuesta de Estados Unidos, avanzando lentamente con un diccionario siempre abierto a mi lado. Nunca antes ni después he leído una novela de esa manera, deteniéndome prácticamente en cada página para no perderme ningún matiz del idioma. Fueron casi dos meses de lectura diaria. Y volvería a hacerlo exactamente igual.

Hubo, eso sí, un último momento de tensión. Al ver que David Mitchell residía en Irlanda, el SAR tuvo que comprobar cuidadosamente que, en efecto, el autor nació en Inglaterra. Superada la revisión, el representante quedó oficialmente confirmado.

Croacia

Su representante será Mars, de Asja Bakić.

Es uno de esos libros cuya extrañeza comienza incluso antes de abrir la primera página. Hay algo en su diseño, en su portada y en la personalidad que transmite como objeto que me hizo querer incluirlo inmediatamente. Quizá sea una buena representación de un país cuya región todavía sueño con visitar algún día. Nunca he estado en los Balcanes, pero hace tiempo que esa zona ocupa un lugar especial entre mis destinos imaginados.

Ghana

Aquí el representante será No One Dies Yet, de Kobby Ben Ben.

Debo decirlo: todavía no lo he leído. Llegó hace relativamente poco a mi biblioteca. Sin embargo, bastó tenerlo entre las manos para sentir que pertenecía a este campeonato. Hay libros que uno comprende después de leerlos. Otros comienzan a hablar incluso antes de abrirlos.

Panamá

Quise terminar deliberadamente con una antología.

No porque represente solamente a Panamá, sino precisamente porque representa mucho más.

El libro es Latinoaméricæditada. Aún no disponible en su región, continuación de un proyecto que ya había aparecido durante este recorrido y que amplía aquel mismo sueño colectivo: reunir voces de toda nuestra región sin que una única capital editorial dicte sus fronteras.

En esta ocasión, el prólogo correspondiente a Chile fue escrito por mí. Lleva por título «Ciencia ficción chilena en LÆ2: Esquema antisísmico, cronotopo perfilado», un texto de estructura experimental al que sigo guardándole un cariño muy especial.

Pero, curiosamente, ese ya no es el detalle más importante.

Lo verdaderamente hermoso es que este último libro termina representando algo que trasciende a Panamá, a Chile y al propio artículo.

Representa una comunidad.

Y me parece una manera muy apropiada de cerrar este campeonato.


La final del Mundial

Así concluye la presentación de los seleccionados de este Mundial CF/iFA 2026.

Quizá el lector haya notado que este artículo comenzó buscando un minotauro entre demasiados laberintos; entre introducciones, reglamentos imaginarios y árbitros demasiado rigurosos. Después encontró un ritmo más sereno. Y, casi sin darme cuenta, terminó convirtiéndose menos en un catálogo de libros que en un recorrido por los recuerdos que cada uno de ellos fue dejando en el camino.

Mientras escribía —voy a contarlo— tuve un compañero inesperado.

Durante todo este ejercicio de locura CF me acompañó, sobre el escritorio, un pequeño trozo de cartón que recorté de una caja cualquiera donde había llegado uno de estos libros, hace ya no sé cuánto tiempo. No sé por qué lo guardé. Tampoco sé por qué decidí dejarlo junto a mí mientras escribía. Sobre ese cartón aparece impreso un único número:


12856381


No sé qué significa.

Tal vez no signifique absolutamente nada.

O tal vez sí.

Y, siendo honesto, tampoco estoy seguro de que eso importe demasiado.

Porque después de recorrer tantos países, tantos autores y tantas historias, sospecho que uno termina aprendiendo que la imaginación no consiste únicamente en inventar mundos nuevos, sino también en descubrir conexiones donde antes parecían no existir.

Quizá ese número esconda algo.

Quizá no.

Pero permitámonos pensarlo.

Después de todo, si el tiempo nos atrapa constantemente en su propio flujo, quizá también nosotros podamos, de vez en cuando, atrapar al tiempo con el nuestro.



Leonardo Espinoza Benavides
Integrante de ALCIFF

Publicado por ALCIFF

Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena (ALCIFF), una organización comunitaria sin ánimo de lucro dedicada a la promoción y desarrollo de la ciencia ficción en particular y la literatura fantástica chilena en general. ALCIFF se desarrolla mediante los proyectos de sus integrantes nacionales e internacionales.

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