Breve historia de los viajes en el tiempo en el siglo XIX

La fascinación por los viajes en el tiempo no es propia del siglo XX y ni siquiera tiene sus raíces desde la famosísima Máquina del tiempo de Wells. Incluso, la obra del inglés tampoco tiene bien adjudicado su nivel de «primera obra de la ciencia ficción» (sitial que le pertenece a Frankenstein de Shelley). Pero lejos de desacreditar a Wells, porque nadie tiene la autoridad ni el nivel para hacerlo, la intención de este breve relato consiste en visualizar cómo la literatura se entromete en el aspecto de los viajes en el tiempo como un recurso literario necesario para contar historias.

La fuerza de las obras de este estilo durante el siglo XIX radica en dos aspectos: un aparato mágico para viajar y la visualización de las diferencias sociales. Tal vez la obra de Wells toma su importancia porque justamente mezcla estas dos cuestiones de una manera sencilla, sumándole aspectos de la ciencia «extendida» e imaginada, en este caso, con la cuarta dimensión del tiempo, tan característica del género por esa época (el galvanismo en Frankenstein es otro ejemplo de estas extensiones).

Vamos adentrándonos a estas ficciones, consideradas las más importantes para aportar al ámbito del viaje en el tiempo.

1. (1819) Rip Van Winkle de Washington Irving

Un tipo duerme por 20 años y vuelve a su pueblo ya independizado. Él aún cree que es parte del reino inglés. Este relato usa el truco de extender la vida de una persona para visualizar el fututo; pero, al mismo tiempo, el autor propone la contravisión del reino versus el país independiente, a través de las vicisitudes del personaje al encontrarse con su hijo (del mismo nombre) y al necesitar actualizarse en las nuevas prácticas culturales. El efecto de viaje es por una cueva mágica y drogas.

2. (1843) A Christmas Carol de Charles Dickens

Unos fantasmas le muestran la vida de trabajadores explotados a un señor avaro y déspota que odiaba la navidad. Este escrito es bastante conocido por sus traducciones y adaptaciones (Los fantasmas de Scrooge y Canción de Navidad). Dickens quiere contar las terribles diferencias de las personas en el auge inicial del capitalismo duro. Para viajar en el tiempo, el efecto es fantasioso a través del fantasma de un antiguo socio.

3. (1846) The World as It Shall Be de Émile Souvestre

En el 3000, máquinas de vapor crían a los niños y la sociedad sufre estrés por la alta mecanización. El miedo de la industrialización se plantea casi cien años antes del Mundo feliz de Huxley. Una obra precursora del Steampunk, nos muestra que lo natural siempre nos presiona por salir, sin importar las comodidades que parecieran necesitarse más por la producción que por el desarrollo pleno.

4. (1881) The Clock that Went Backward de Edward Page

Unos niños giran al contrario un reloj mágico que los transporta a momentos históricos pasados. Específicamente, visitan el asedio de Leiden de los españoles en los Países Bajos durante el siglo XVI. Es de los primeros en usar el truco del viaje en el tiempo para repasar conceptos históricos ya estudiados por la ciencia social.

5. (1883) El historioscopio de Eugene Mouton

Un telescopio eléctrico permite mirar eventos del pasado histórico. El personaje conoce a un viejo inventor (recurso ultra utilizado en el sci-fi audiovisual del siglo XX) que le muestra el invento basado en las estelas de luz que el tiempo dejaría entre el éter y el espacio (el éter como componente desconocido del aire). Se podría decir que es el primer elemento científico para viajar en el tiempo, pero solo observando, sin intervenir. Con esto se parece más a la obra de Dickens, pero no apunta a nada especial de la contingencia, acercándose entonces a la obra de Page, pero remarcando mejor el uso del elemento para viajar.

6. (1887) El Anacronópete de Enrique Gaspar

Una cabina (barco de hierro en rigor) transporta gente para revisar momentos históricos del pasado. Esta máquina, preliminar a la de Wells, funcionaba con electricidad, fuerza neumática y un elixir que evitaba el envejecimiento de los viajeros. Se diferencia de la obra de Wells en que viajan varias personas, casi en aire turístico, revisitando momentos históricos del pasado para discutirlos de manera relajada casi en tono de comedia.

7. (1888) Looking Backward de Edward Bellamy

Un joven es hipnotizado y despierta en el año 2000. Junto a un señor de esa época revisará cómo EE.UU. se ha convertido en una utopía socialista. El efecto de viaje es un hipnotismo, por lo cual, lo importante es el viaje en sí y la estimación del futuro, donde vemos claramente la tensión capitalismo/socialismo de una manera seria, relatada de buena forma con las mejores letras del romanticismo literario. La obra tuvo buena difusión en la época.

8. (1889) A Yankee in King Arthur’s Court de Mark Twain

Un trabajador sufre un golpe y despierta en la corte del rey Arturo. Demuestra sus conocimientos y adquiere el denominativo de brujo. Particularmente, logra predecir un eclipse y así, tras casi venerarlo por tal logro, Merlín comenzará a acercarlo para descubrir su «magia». Inteligente relato que puede ser leído en cualquier edad, debido a sus múltiples formas de interpretación. Las diferencias de clase a través de la historia parecieran acercarlo al relato de Dickens, pero se rescata la capacidad de crear un entorno histórico entretenido y dinámico. También fue muy exitoso en su momento.

9. (1895) La máquina del tiempo de H.G. Wells

El autor mejoró un primer esbozo realizado en 1988 llamado Los argonautas crónicos, pero sin duda le dio un aspecto más novelesco a su obra insigne. Mediante una máquina que no se explica mayormente, el argumento del viaje es el uso de la cuarta dimensión (el tiempo) y el relato de las peripecias sobre un viajero que ve los extremos del socialismo/capitalismo, aunque podría tomarse simplemente como el extremo de la clase rica/clase trabajadora. Va a unos años improbables para ver si se equivocará o no, pero al menos, a mi juicio, también evoca variables evolutivas con el viaje que llega a una época extrema, donde la especie, al parecer, vuelve al mar. Ágil relato que debiera ser obligatorio en los colegios para explicar el contexto histórico y la relación de las variables científicas en los textos de ficción.

10. (1955) El fin de la eternidad de Isaac Asimov

Si bien es del siglo XX, es una de las mejores novelas para tratar de buena manera la paradoja del abuelo. En esta paradoja, que oficialmente la comienza Wells, pero sin hacerse cargo, un personaje está en la disyuntiva de si el tiempo es lineal o multidimensional, de tal forma que él mismo pudiera ser parte de su linaje familiar o llegar a no existir. El sonido del trueno de Bradbury, Parentesco de Butler o La patrulla del tiempo de Anderson son ejemplos en el siglo XX del nuevo uso del factor controlable del tiempo. Para Asimov, su obra representa el fin de lo eterno y el nacimiento de lo infinito, donde se desarrolla todo el mundo de la Fundación. La preocupación por las paradojas y el intento de explicación temporal ponen a esta novela en un sitial importante, siendo, además, una de las menos criticadas del autor respecto a su «poco» tratamiento del desarrollo de personajes, algo que la ciencia ficción no escatima en mejorar en las novelas de finales del siglo XX y en los albores de la primera mitad de nuestro siglo.

Por Daniel Maturana Caballero
Miembro ALCIFF

Referencias y créditos:

  • Scholes, Robert y Eric S. Rabkin. (1982). La ciencia ficción. Historia, ciencia, perspectiva. Madrid: Editorial Taurus.
  • Barceló, M. (2015). Ciencia ficción. Nueva guía de lectura. B DE BOOKS.
  • Todas las imágenes obtenidas desde Google Images.

Publicado por ALCIFF

Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena. Fundada el año 2017.

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